PELIGRO, GIRO A LA DERECHA

Sergio Torres
Complicada y nociva es la perspectiva del proyecto progresista que encabezó Gustavo Petro, al dar un viraje inesperado para muchos, avizorado por algunos pocos, sufrido por la gran mayoría de colombianas y colombianos. Un duro aprendizaje y una oportunidad para continuar forjando los verdaderos cambios.
Sin lugar a dudas, el actual gobierno de Colombia tendrá un capítulo especial en la historia política del país. Más que por haber sido el primer gobierno de extracción popular, no oligarca, es justamente porque teniendo esa característica y habiendo sido elegido como de los impulsos del Estallido Social de 2021, terminó poniéndose del lado del viejo régimen corrupto y mafioso que tanto pregonó confrontar, traicionando y engañando las esperanzas de cambio del pueblo.
Pactos con la muerte
A estas alturas ya está claro que la llamada Paz Total fue realmente un instrumento para tratar de ‘lavar la cara’ de las bandas narcotraficantes resultantes de anteriores acuerdos de paz, recicladas como narcoparamilitarismo agrupado en el llamado Clan del golfo, todo bajo las orientaciones de Estados Unidos. La estrategia de dividir y crear varios espacios de diálogo por grupos, bajo la falsedad de la territorialidad, realmente derivó en la creación de un nuevo paramilitarismo reciclado, con el cual se activaron negocios funcionales.
Las evidencias de esta perversa manipulación de la paz, se viven hoy en Nariño, Catatumbo, Sur de Bolívar, nordeste antioqueño, Chocó y Arauca. Esto es, medio país concesionado a negocios con estas bandas, en las que las Fuerzas Armadas (FFAA) siguen fungiendo como protectoras, socias conniventes del accionar narcoparamilitar en las regiones.
Como si fuera poco, tras estos negocios tienen el parapeto de las Mesas de Diálogo. Además de los espectaculares pero vacíos y falsos operativos de recuperación de zonas; lo acontecido en el cañón del Micay es muestra clara de la increíble falsedad del gobierno. Como si fuera poco, encontró en la figura de la Conmoción Interior la oportunidad para hacer show y recaudar plata para la campaña electoral, en este caso el ejemplo es El Catatumbo, que a más de dos meses de declarado el Estado de excepción, no hubo ninguna atención, ni siquiera robándose las ideas de la comunidad y las organizaciones sociales como el Pacto por la Transformación del Catatumbo, que sigue siendo un acuerdo en el papel.
Lo que si siguen viviendo las comunidades es la exacerbación de la violencia y la connivencia del Ejército con la banda Exfarc llamada frente 33. Quienes, habiendo sido derrotados por el ELN, ahora el gobierno por vía de las FFAA intenta hacer reaparecer, únicamente con el fin de intentar concretar su plan de entrega de la región a este grupo narcoparamilitar.
Así entonces, el peligroso giro a la derecha del gobierno termina por agravar la realidad de las comunidades y el conflicto.
Insistir en los cambios desde el pueblo
Otro de los grandes derroteros difíciles que va a dejar este gobierno, es la sensación de desesperanza y decepción. Jugar con los anhelos de un pueblo tan golpeado es cuando menos un acto de mezquindad desproporcionada. Petro dejará un ambiente aún más enrarecido, sin importar quién llegue a sucederlo. El giro a la derecha con el que el presidente terminó siendo un símil con gobiernos autoritarios y entregados a plenitud a EEUU es una alarma.
Ahora bien, estas situaciones también dejan acumulados de aprendizaje que deberán manifestarse más temprano que tarde. ‘Quemado el cartucho’ del progresismo, el país ya sabe que se requieren cambios profundos y no tibias reformas. Que estos no se dan por vía legislativa. Ya sabe que poner un gobierno no es suficiente, y que el poder se gana es en la movilización que confronta y genera crisis a la gobernabilidad de los de arriba. Que los gobiernos pasan, pero el pueblo sigue luchando hasta lograr su definitiva autodeterminación.