¡ALERTA!: DESIGUALDAD, POBREZA E INSEGURIDAD ALIMENTARIA

¡ALERTA!: DESIGUALDAD, POBREZA E INSEGURIDAD ALIMENTARIA

Chavela Villamil

El modelo económico monopoliza la riqueza en un reducido grupo plutocrático, lo que acrecienta la brecha de desigualdad, empobreciendo y excluyendo a la mayoría, que sufre un déficit de calidad de vida, penuria que implica carencia de seguridad alimentaria.

El modelo económico global se basa en la sobre industrialización y sobre producción para la generación de grandes márgenes de riqueza, que no son redistribuidos en la sociedad, sino monopolizados por un reducido grupo plutocrático; desde luego esto incrementa ostensiblemente la desigualdad y los indicadores pobreza monetaria y multidimensional, generando grandes déficits del Gasto Social, lo que amplia los cordones de miseria y genera inseguridad alimentaria en gran parte de la población, en especial en sectores que los Estados son incapaces de subsanar, ya que el modelo en sí mismo es deficitario; a su vez, el capitalismo neoliberal tiene implícito un incremento constante de la brecha de desigualdad social, a tal punto que hoy es insostenible.

El neoliberalismo chupasangre

Según el Comité de Oxford de Ayuda Contra el Hambre (Oxfam, por su sigla en inglés), desde 2022, la inmensa mayoría de los países presentan tendencias negativas en materia de desigualdad. Cuatro de cada cinco países han recortado el porcentaje de su presupuesto general destinado a educación, salud y/o protección social; también cuatro de cada cinco han retrocedido en materia de fiscalidad progresiva, y nueve de cada diez lo han hecho en cuanto a derechos laborales y salarios mínimos. Nueve de cada diez países han retrocedido en uno o más de estos pilares; esto quiere decir que, si no se adoptan medidas políticas urgentes para revertir esta preocupante tendencia, es prácticamente seguro que la desigualdad económica seguirá aumentando en el 90 por ciento de los países. No sólo es que empobrecen y excluyen a la mayoría, sino que muchos de estos países se encuentran en riesgo de caer en la bancarrota; lastrados por la Deuda Externa (DE), no disponen de recursos suficientes para financiar la lucha contra la desigualdad; los países de renta media y baja destinan, en promedio, el 48 por ciento de su presupuesto público a pagar esta DE, a súper ricos banqueros con sede en Nueva York y Londres [1].

En este mismo contexto, Oxfam plantea que la desigualdad social global contribuye a la muerte de al menos 21.000 personas cada día, a su vez, desde la aparición de la pandemia los diez hombres más ricos del mundo vieron crecer sus fortunas en una media estimada de 1,9 billones de dólares; la Directora Ejecutiva de Oxfam afirma que “un sistema económico que permite a un puñado de personas amasar tan grandes fortunas, mientras miles de millones pasan hambre y sin la atención médica adecuada durante una pandemia, es un acto abierto de violencia dirigido a grandes franjas de la humanidad” [2].

La crisis alimentaria es inminente

De acuerdo a un Informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), 15,5 millones (31 por ciento) de colombianos padecen inseguridad alimentaria; en términos absolutos esta afecta a un mayor número de personas en las zonas urbanas. La Guajira es el departamento donde hay mayor prevalencia de inseguridad alimentaria con un 59,7 por ciento, seguido por Sucre con 47,9 por ciento, Atlántico 46,1 por ciento, Magdalena 45,3 por ciento, Chocó 43,2 por ciento y Cesar 41,1 por ciento. A nivel de grandes ciudades las más afectadas son Bogotá (1,5 millones), Medellín (642.000), Cali (491.000), Cartagena (420.000), Barranquilla (328.000), entre otras.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) durante el año anterior la pobreza monetaria a nivel nacional fue de 33,6 por ciento (19.634.410 de personas) y en centros poblados y rurales dispersos la cifra fue de 45,9 por ciento; a su vez la línea de pobreza monetaria se situó en 435.375 pesos y la línea de pobreza monetaria extrema o miseria en 198.698 pesos, es decir que a nivel nacional 6,8 millones de personas subsisten al día con tan solo 6.623 pesos y el 37,5 por ciento de las capitales departamentales están por encima del índice nacional de pobreza monetaria; siendo estos resultados muestra irrefutable de la perdida de poder adquisitivo y la nefasta acción que tiene el modelo económico entorno al desarrollo social integral.

Nuestra economía solo es viable si cambiamos el modelo

La marcada contracción de la economía requiere que el Gobierno trace un plan de emergencia, que en plazo inmediato debe centrarse en la disminución del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de la DE) y el incremento del recaudo, centrando este último no en la captación por masa de capital sino en la captación por volumen de capital neto. Nuestra política económica debe estar fundada en favorecer a todos los colombianos, en especial en subsidiar capas bajas de la sociedad, además el desarrollo sostenible debe tener como eje central el aumento del poder adquisitivo per cápita y la disminución de los beneficios fiscales y tributarios de los mega empresarios; en otras palabras, como sociedad debemos luchar por una política económica que disminuya el Gasto Corriente e incremente de manera integral el Gasto Social.

Nuestro país debe deconstruir el modelo actual y crear un nuevo paradigma económico, que contemple la democratización de la tierra, la tributación redistributiva y una política agrícola enfocada en la seguridad alimentaria. Dar solución a la crisis económica del país implica congelar los montos destinados a la Deuda Externa y en el mediano plazo renegociar este pasivo; además, la política estatal debe desarrollar un plan estricto de austeridad fiscal, que desde luego debe contemplar la disminución de la carga burocrática y decrecer el Gasto Corriente.

La reactivación y la solidez solo es posible incrementando el flujo de capital líquido y mejorando el poder adquisitivo per cápita, lo que tiene implícito dar solución al desempleo, a la vez que se desarrolla un plan de formalización del empleo. Por lo tanto, es inaplazable un cambio estructural de la política económica y laboral, en otras palabras, se debe incrementar la tributación de las grandes empresas y de los grandes capitales, generando una política redistributiva que invierta este dinero en planes de desarrollo integral sostenible que dé prioridad a la inversión nacional y retraiga la inversión de capital trasnacional.

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[1-2] El saqueo continúa. Oxfam, 21-01-2025.

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