EL COSTO DE VIDA ESTÁ A PUNTO DE COLAPSAR

Chavela Villamil

En contraste con el paulatino y leve decrecimiento de la inflación, el poder adquisitivo per cápita continúa siendo deficitario con respecto al Costo de Vida, lo que hace que se incrementen los márgenes de pobreza y el déficit de seguridad alimentaria.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revisó el pasado jueves la proyección de crecimiento promedio para la región durante este año, según el estimado la media es de 1,7 por ciento, Brasil es el país con mejor perspectiva con 2,1 por ciento, mientras que Colombia presenta uno de los estimados más bajos, ya que se calcula que su economía no subirá por encima de 1,2 por ciento. Según la CEPAL, “tanto el crecimiento de la actividad económica como el del comercio global se sitúan por debajo de sus promedios históricos, pero además con tasas de interés que permanecen altas. La expansión esperada para la región en 2024 se mantiene en la senda del bajo crecimiento económico observado en los últimos años” [1].

El decrecimiento global generalizado y exacerbado en los país América Latina por su marcada dependencia del capital extranjero y el desequilibrio negativo de la balanza comercial, aunado al alto índice de desempleo y la proliferación del empleo informal como única fuente de ingresos, han desacelerados ostensiblemente los mercados debido a la caída abrupta de la demanda, el cual su vez es generado por el decrecimiento del poder adquisitivo per cápita, lo que impacta directamente el costo de vida generando su incremento progresivo; a nivel en América Latina durante el primer trimestre de este año esta tiene una media de 30,2 por ciento, mientras que en Colombia osciló en 30,6 por ciento [2].

El costo de vida cree sin techo

En la última década el costo de vida en Colombia ha venido incrementándose de manera progresiva y con tendencia al alza, en los últimos 5 años este incremento ha sido de 17,15 por ciento; según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), tanto en el año anterior como en lo corrido de este, el aumento lo ha jalonado principalmente el servicio de energía eléctrica, seguido de los combustibles, los alimentos, y los arriendos, entre otros.

Los ingresos percibidos son deficitarios en relación con los pasivos básicos, según un reciente estudio Cost of Living Index by Country 2024 consultado por la OCDE y el FMI, en Colombia un trabajador promedio requiere como mínimo 1,82 salarios mínimos para sufragar sus gastos básicos mensuales y 2,10 salarios mínimos si tienen como proyección invertir en un proyecto de Vivienda de Interés Social (VIS). Sin embargo, datos oficiales muestran que más de 10 millones de colombianos perciben mensualmente ingresos iguales o inferiores a 0,45 salarios mínimos; esto no solo decrece el poder adquisitivo, sino que además hace insufragables los gastos básicos de un núcleo familiar.

En el periodo pospandémico nuestro Producto Interno Bruto (PIB) se ha desacelerado y ha presentado un decremento constante, el año anterior nuestro mercado experimentó una profunda y prolongada desaceleración, de tal forma que el crecimiento tan solo fue de 0,6 por ciento, siendo este el menor ritmo de crecimiento de las últimas dos décadas. Este año el PIB ha presentado un muy leve aumento, pero sin salir del margen de desaceleración registrado en los últimos dos años. Lo más preocupante de la desaceleración del PIB es que hasta la fecha el Gobierno no ha tomado medidas de austeridad que regule el gasto estatal, sino que por el contrario, ha incrementado considerablemente el gasto corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de Deuda Externa -DE-).

Actualmente estamos ante un leve repunte de las ventas, ya que hasta ahora solo se percibe un mínimo aumento de la actividad comercial y de las utilidades, en especial del sector financiero; pero esto, no se refleja en aspectos como la recuperación del empleo ni la formalización del trabajo informal, solo repercute en el repunte de las utilidades de las grandes empresas y las corporaciones.

Nuestras políticas económicas continúan y perpetúan la fracasada teoría del Trickle Down Effect (TDE, por sus siglas en inglés), ligando la productividad, el desarrollo y el empleo al favorecimiento fiscal y tributario de las grandes empresas, bajo el sofisma de que estas luego “gotearían la riqueza acumulada hacia las capas bajas de la sociedad”; sin embargo, han pasado tres décadas continuas de su aplicación, y el resultado es el empeoramiento de la desigualdad y la pobreza monetaria y multidimensional, mientras crecen desmesuradamente las utilidades del sector plutocrático minoritario, de los grandes monopolios y capitales.

Decrecer el Gasto Corriente es la única opción

El ejecutivo sin tener en cuenta la Regla Fiscal de Mediano Plazo continua incrementando el Gasto Corriente; cuando lo económicamente viable y responsable es decretar un periodo de austeridad estatal que suprima gastos onerosos y disminuya el Gasto Corriente; además es inaplazable romper la lógica antifinanciera de priorizar y aumentar anualmente el pago de una DE, a la que solo se logra amortizar los intereses pero no se cubre la deuda de capital; por ende, lo financieramente aceptable sería renegociar este pago y de esta manera aliviar la carga de este sobre el PIB.

De continuar con la política fiscal y económica trazada por el Gobierno, el costo de vida llegará a márgenes superiores al 40 por ciento, haciendo insostenible los gastos y llevando a las familias de las capas sociales medias y bajas a un colapso; esto afectaría gravemente el erario, si colapsa las economías de estas capas sociales, la desigualdad ya la pobreza multidimensional y monetaria se dispara llevando a que el déficit de gasto social en el mejor escenario se duplique. Por lo tanto, resulta necesario e inaplazable un cambio de fondo en el modelo económico, que a la vez que disminuya los pasivos estatales, fortalezca y desarrolle integralmente la producción nacional y equilibre la balanza comercial, disminuyendo la importación de materias primas y productos con valor agregado.

Por otro lado, solo es posible salir de la crisis económica y financiera a través de una política de formalización del empleo y el incremento de las plazas laborales, permitiendo que se mejore el poder adquisitivo per cápita, lo cual incrementaría el flujo de capital circulante generando un superávit por demanda.

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[1] Crecimiento económico de América Latina: Cepal revisa proyección. Valora Analitik, 09-05-2024.

[2] Estos son los países latinos con el costo de vida más alto: así le fue a Colombia. Valora Analitik, 04-05-2024.

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