TRUMP, DEL DERECHO A LA MIGRACIÓN, AL DERECHO AL NEGOCIO

Anaís Serrano
En primer lugar, hay que recordar que la migración es un derecho consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en más de 20 tratados y convenios de acuerdo a las normativas internacionales, orientadas desde la ONU.
Hoy, la arquitectura internacional surgida al concluir la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), ya no les sirve a las grandes potencias que la implementaron en ese momento para sostener su dominio. Normativas que resultan ahora inservibles para las nuevas estructuras de dominio, cuando el imperialismo ha decidido violentar, de hecho, todos los instrumentos de regulación y consolidar lo que denomina el Orden Basado en Reglas (Rules Based Order), de ellos; que ha estructurado la base de derechos en función de sus intereses de acumulación, lo que ha originado, entonces, que la migración, otrora un derecho, sea criminalizada aunque siga siendo un gran negocio para el capitalismo que la promueve y la usa.
El reality de Trump
Trump es un showman, que aparecía en muchas de las series de televisión más populares y algunas películas en la década de los noventa y principios del 2000. Este hombre que acaba de decidir la eliminación del Departamento de educación estadounidense, sabe que al proyecto histórico del que forma parte, le conviene un pueblo ignorante, asustado y por supuesto, entretenido. Por eso, aunque las deportaciones que ha realizado en realidad no superan el número de deportaciones y expulsiones hechas por el gobierno de Biden al final de su mandato, sí supera la difusión, la violencia, la espectacularidad de las imágenes, el discurso criminalizante, el escándalo incluso judicial, y por supuesto, el número de titulares que ocupa.
Parecería difícil sembrar la xenofobia en Estados Unidos, un país construido casi enteramente por migrantes, pues la población indígena originaria fue prácticamente exterminada y la poca que sobrevivió está virtualmente encarcelada en eso que llaman “reservas”, las que se han venido convirtiendo en casinos y bares, para poder sobrevivir en la violenta economía de mercado y el sistema racista.
En EEUU ha sido sumamente sencillo enraizar el racismo, sobre todo en la población blanca que tiene al menos una generación viviendo dentro del gigante del norte y que rápidamente, asume la ideología estadounidense, pero también para los nacionalizados que ya vienen con ideologías de ultraderecha como Elon Musk, un sudafricano que nació y creció con los privilegios de la población blanca en el llamado Régimen de Apartheid, contra el que aún lucha la población negra sudafricana.
“Hacer a (Norte) América grande, otra vez” requiere sembrar una alta dosis de ese nacionalismo gringo, que se sostiene en idea de ser un pueblo escogido por Dios para gobernar el mundo, así también se resume su idea del Destino Manifiesto que sustentó la Doctrina Monroe. Por eso, reactivar esta doctrina supremacista, requiere reafirmar su esencia fascista de nacionalismo religioso. Además, estas ideas, las han acompañado de propaganda para hacer creer a la inmensa población pobre estadounidense, que la falta de oportunidades laborales, se debe a la gran cantidad de inmigrantes que hacen los trabajos más sencillos, pero fundamentales en los sectores de la agricultura, construcción y servicios, y no a las políticas excluyentes de un Estado racista y clasista como el de EEUU.
La reciente activación de la Ley de enemigos extranjeros que data de 1798, usada por última vez contra japoneses e italianos en la Segunda Guerra Mundial, comienzan a usarla ahora contra los venezolanos y venezolanas que han emigrado al territorio estadounidense, en una proclama absolutamente amenazante contra Latinoamérica, porque hoy es contra un pueblo y mañana la usarán contra el de enseguida; considerada como un exabrupto para el juez federal que prohibió temporalmente el uso de esa Ley y ordenó el regreso de los aviones que iban ya cargados de inmigrantes.
El traslado de 238 nacionales venezolanos desde EEUU a cárceles en El Salvador, suma al racismo de Trump con la política infame de Bukele contra los privados de libertad. Las terribles imágenes del maltrato a los detenidos al llegar a los campos de concentración construidos por el autócrata salvadoreño, evidencian el fascismo desatado por Trump, con el que fortalece su imagen de gobernante despiadado, que está más allá de cualquier Dios y toda ley.
El delito es ser pobre, no ser inmigrante
Perseguir a la inmigración pobre, que es la que realiza los trabajos más duros en los campos, fábricas y calles de EEUU sin ningún tipo de protección social, garantizará que su mano de obra sea cada vez más barata.
Esta semana, el Secretario de comercio estadounidense Howard Lutnick, anunció que lograron vender mil visas doradas (gold card) en un sólo día, por un precio de 5 millones de dólares cada una, garantizando así la permanencia de inmigrantes millonarios y por supuesto, obteniendo aún más ganancias del negocio que les resulta sembrar la xenofobia y perseguir la inmigración que ellos mismos promueven, porque como hemos visto es un negocio lucrativo, por donde quiera que se mire.