LA CRISIS ES MÁS QUE FINANCIERA

LA CRISIS ES MÁS QUE FINANCIERA

Chavela Villamil

El desmonte de diversos subsidios estatales, por el déficit fiscal que atraviesa nuestra economía, a causa de la desaceleración económica y la disminución de la captación de recursos, mientras siguen creciendo el Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de Deuda Externa).

El modelo económico imperante ha venido generando marcadas brechas de desigualdad, que ante los últimos acontecimientos macroeconómicos, ha llevado a que todas las economías sin excepción se desaceleren e incrementen ostensiblemente su déficit de Gasto Social. En los últimos años, tanto las economías desarrolladas como las en vía de desarrollo, han repuntando levemente sus indicadores, aunque aún sus indicadores se sostienen en la zona de desaceleración, en la que han estado sumidas desde el periodo pospandémico.

El decrecimiento acelerado de la productividad y el desarrollo que viene presentando nuestra economía en los últimos años, no solo ha desacelerado la economía y generado una caída abrupta de la demanda, sino que además tiene repercusión directa en el costo de vida y ha conllevado un déficit de poder adquisitivo per cápita. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), a nivel nacional la Pobreza Monetaria oscila en 39,2 por ciento y la Pobreza Extrema está en 13,8 por ciento; índices que acentúan la crisis económica, razón por la cual sobreviven 19,3 millones de habitantes en la pobreza y 6,9 millones en pobreza extrema.

Continua la desaceleración de nuestra economía

El más reciente Informe del Centro de investigaciones económicas y financieras de la Universidad Externado, que estudia el movimiento bancarizado, reporta que en mayo se acentuó el estancamiento de la economía y se incrementó el déficit de poder adquisitivo per cápita; además, las proyecciones para este año muestran que este indicador no superará el 0,5 por ciento, lo que deja en un gran margen de riesgo la sustentabilidad de la población, en especial los sectores sociales medios y bajos. Según cifras oficiales los costos crecientes de la energía eléctrica y del gas domiciliario, entre otros, han incrementado aún más el maltrecho costo de vida, que a la fecha asciende a 32,6 por ciento.

El Producto Interno Bruto (PIB) del país, el año anterior creció solo 1,6 por ciento y según las proyecciones del Banco Mundial este indicador no superará el 2,4 por ciento. Aunque es evidente la desaceleración económica, el principal problema de nuestra economía no es de índole financiero, el verdadero problema radica en la política económica y tributaria, ya que el Gobierno sostiene una política que le da prelación al Gasto Corriente, en vez de decrementarlo y aumentar la inversión integral y el Gasto Social, además rige sus políticas por el dogma neoliberal del Trickle Down Effect (TDE, por sus siglas en inglés), que erróneamente plantea que el crecimiento y favorecimiento tributario de las grandes empresas y emporios capitalistas, es beneficioso para la economía nacional, bajo el supuesto de que si estas empresas aumentan su riqueza, esta se derramaría por goteo hacia las capas medias y bajas de la sociedad.

Las economías que se rigen por la TDE, no han incrementado el empleo ni mejorado el poder adquisitivo per cápita, ni mucho menos han superado el déficit de costo de vida o han logrado minimizar la brecha de desigualdad social; por el contrario, a medida que los dividendos del capital privado se incrementan el oligopolio económico se solidifica y se pauperizan las capas sociales medias y bajas.

Decrecer el Gasto Corriente oxigena el PIB

La desaceleración económica que sufre nuestra economía, es un agente que contribuye a la actual crisis económica, sin embargo, en sí misma esta no es como tal la causante del déficit económico y financiero; la marcada contracción de la economía obliga al Gobierno no solo a incrementar la tributación, sino principalmente a cambiar la política del gasto y consumo en términos y en lo inmediato disminuir el Gasto Corriente, además la política tributaria debe cambiar hacia un método que no se centre en la captación por la cantidad de contribuyentes, que desangra a la clase media, sino obligar a tributar más a quien tiene más capital neto, para incrementar la tributación de los grandes capitales y empresas con un enfoque redistributivo.

La desaceleración del PIB y el estancamiento de nuestra economía, prácticamente obliga al gobierno a disminuir el Gasto Corriente a la vez que decreta un periodo de austeridad; desde luego esta o cualquier política económica tendiente a subsanar la crisis económica implica a nivel interno congelar el presupuesto destinado a la Deuda Externa, y a nivel internacional nos obliga a negociar la refinanciación de este pasivo, que asfixia el PIB y pone en colapso nuestra economía y sostenibilidad financiera. Salir de la Recesión Técnica y reactivar nuestra economía implica una política que genere nuevas plazas laborales y a su vez formalice el subempleo, además de una política económica integral que repotencie la industria y la agroindustria para suplir el mercado interno.

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