CAMPAÑA A LO WHITECHAPEL
Comandante Antonio García
Un personaje descrito de varias maneras y con imaginativas indumentarias, caminaría sigiloso entre las penumbras de la noche por el barrio Whitechapel al oriente de Londres. Personaje, barrio y sus calles Osborn, Hanbury, Berner y Dorset se harían famosos.
Londres como capital del imperio británico en los siglos XVII, XVIII y XIX sería el receptáculo de la muchedumbre de miserables, que llegarían desplazados a rebuscarse la sobrevivencia a uno de los centros del capitalismo mundial. Con el paso del tiempo, el oriente londinense sería también conocido, por las protestas de la clase obrera explotada.
El capitalismo crece entre el alcoholismo y los vicios, que ofrece a los desheredados y a las mujeres necesitadas la ruta de ‘la venta de sus cuerpos’. En el año de los acontecimientos, 1888, había en Whitechapel 1.200 prostitutas en 62 burdeles.
La noche del 30 de agosto, de ese año, el sigiloso personaje, aun sin nombre, caminaría hacia el inicio del hilo de acontecimientos que harían historia, quizá sin saberlo. En la madrugada del 31, a la entrada de un establo de caballos y a 90 metros de los edificios Blackwall, sería encontrada muerta Mary Ann Nichols, tenía dos largas cortadas en la garganta realizadas de izquierda a derecha y varios cortes en la parte baja de su abdomen. El 8 de septiembre en la mañana aparecería muerta Annie Chapman, el 30 de septiembre seguirían Elizabeth Stride y Catherine Eddowes y el 9 de noviembre Mary Jane Kelly.
Estos 5 asesinatos, de 11 realizados entre 1888 y 1891, son denominados «los cinco canónicos», caracterizados por cortes en la garganta, en el abdomen y genitales, desfiguración del rostro y extirpación de órganos. Las víctimas fueron prostitutas y los investigadores concluyeron que estaban ante un asesino en serie, con una de las víctimas osó colocarle los intestinos en el hombro.
En la búsqueda del asesino la policía detuvo a ochenta, de los cerca de trescientos que investigó, pero jamás pudo identificarlo. En medio de las burlas por su incapacidad, la policía recibió tres cartas, del supuesto asesino, firmadas por «Jack el Destripador», nombre con el que sería recordado el famoso asesino, rubricando con sangre su modus operandi. Los forenses estudiaron todos los detalles, buscaron entre carniceros y cirujanos los culpables, se especuló que era zurdo y llegaron a establecer que usaba un afilado cuchillo de 6 pulgadas de largo.
Lo novedoso y actual de esta inconclusa ‘historia forense’, es que en medio de la campaña electoral para la presidencia, el abogado y candidato De la Espriella se luciera en sus discursos «ofreciendo destripar» a sus contradictores políticos, en un país donde ha sido costumbre desmembrar a los opositores y luchadores sociales con moto sierras. Como quien dice, de un Duque que «hizo trizas la paz», pasaremos a la modalidad usada por el famoso Yack en el barrio londinense de Whitechapel.
Prácticas que se venden como adecuadas para atemorizar a la población, son propias de los que ofrecen seguridad como política de estabilidad, convirtiendo a los ‘miserables de Víctor Hugo’ en desechables y propios para las motosierras y cuchillos de 6 pulgadas.
La diferencia con Whitechapel es que allá nunca se supo quién fue el culpable. En cambio, hoy -en nuestra tierra- se sabe quién dice querer hacerlo.