DESTRIPAR LA PATRIA PARA REFUNDARLA
Aureliano Carbonell
Ha retornado la derecha y la ultraderecha a la presidencia del país, estamos ante una polarización ascendente y, un futuro de cierta incertidumbre, por los desenlaces inmediatos de la situación mundial, del país y del continente.
Según la Registraduría, el CNE, los Estados Unidos, la gran prensa, los gremios económicos, los principales grupos financieros, entre otros, será Abelardo De la Espriella, el presidente de Colombia, antiguo abogado de los paramilitares, defensor pago de políticos, que junto con los principales jefes de las AUC, suscribieron el 23 de julio del 2001, el famoso Pacto de Ralito para “refundar la patria”.
¿Qué intereses representa el nuevo presidente?
Si nos atenemos a los hechos, hay que mencionar, entre otros, a los Estados Unidos; fue notoria, en esta ocasión, la intervención abierta y explicita, del Gobierno norteamericano, a favor de De la Espriella, al igual que lo ha hecho en los últimos procesos electorales del continente, (Argentina, Honduras, Perú, entre otros). Siempre han intervenido, pero en estos tiempos, lo hicieron manera totalmente abierta, sin el menor disimulo.
Igualmente, cerraron filas de manera unánime, detrás esta candidatura, todos los grandes gremios económicos (ANIF, ANDI, SAC, FEDEGAN…), así mismo los grupos financieros más poderosos; los Gilinski, Sarmiento Angulo y los demás, también todos los grandes medios de comunicación y, por supuesto, Uribe, Cesar Gaviria, Andrés Pastrana y los llamados clanes regionales, a la vez, hicieron fuerza, aunque secretamente, los más poderosos mafiosos del país y claro está, al unísono, el Centro Democrático, el Partido Liberal, el Conservador, Cambio Radical, el de la U, y otros menores.
En síntesis, toda la oligarquía colombiana, los Estados Unidos, Israel y la ultraderecha latinoamericana, trabajaron por el triunfo de De la Espriella.
Las promesas
Veamos algunas:
Habló de «destripar a la izquierda». Esta frase, en un país como Colombia, no es intrascendente, dada la historia reciente, de terrorismo de Estado y violencia paramilitar, cuando las décadas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Recordemos en esos tiempos, el genocidio cometido por los paramilitares de las AUC, en asocio con los Fuerzas Armadas, las masacres de más de 20, 30 personas en cada caso, como las de El Salado, Chengue, Segovia, El Aro, las de Uraba y muchas otras, también el asesinato de varios candidatos presidenciales de izquierda, de dirigentes sociales de carácter nacional, como el del Vicepresidente de la CUT, de defensores de DDHH, de gran relevancia, como Umaña Mendoza, de periodistas y humoristas críticos, como Jaime Garzón, así mismo, los miles de Falsos Positivos, el genocidio de organizaciones como la UP, A Luchar y el Frente Popular.
De la Espriella, en los 90, fue fundador y director de la Fundación Iniciativas para la Paz (Fipaz), fundación ligada estrechamente a los narcoparamilitares de la época.
Prometió también, desarrollar las “mejores” relaciones con los Estados Unidos e incorporar al país, al llamado “Escudo de las Américas”, promesa que reiteró el pasado 22 de junio, al responder las felicitaciones del Secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, prometió, así mismo, restablecer de manera inmediata las relaciones diplomáticas con Israel.
Otras promesas: achicar el Estado, mayor apoyo para las grandes empresas y control a la “política populista” de alzas exageradas del salario, mano dura contra las manifestaciones públicas y las protestas, “seguridad”, entendida sólo como represión, 10 megarceles al estilo Bukele, fracking sin contemplaciones, supresión de la Agencia Nacional de Tierras, sistema privado de salud y, muchas otras cuestiones similares.
Habrá resistencia
Estamos ante una realidad, el retorno de la derecha y la ultraderecha a la presidencia del país, una votación muy similar para los dos bloques que se enfrentaron, el encabezado electoralmente por Cepeda y el de De la Espriella, una polarización ascendente y un futuro de cierta incertidumbre, por los desenlaces inmediatos de la situación mundial, del país y de en otros en el Continente.
Los tiempos que vienen, no serán color de rosa, pero hoy, estamos ante una Colombia distinta a la de los años noventa y los de la primera década del 2.000, cuando, entre otras, teníamos el descenso de la lucha de masas, las presidencias de Uribe, el terror paramilitar de esas décadas y el colapso del llamado campo socialista.
Colombia ha cambiado respecto a esos años, estamos en tiempos algo parecidos a los de las décadas del 60 y 70, obviamente con diferencias, venimos con un gran ascenso del movimiento de masas y el ascenso en el país, de corrientes no oligárquicas, ello ha sido evidente, en especial, con el Estallido Social del 2021 y los cambios en el pensamiento y conciencia de una parte importante de los colombianos, lo que se ha expresado, entre otras, en las dos últimas contiendas electorales.
El movimiento popular sigue activo y mantiene una gran fortaleza, la resistencia será grande y múltiple. Habrá que ver hasta donde ella y las distintas realidades, desatan unas las fortalezas y opciones que le den vuelco al país que llega el 7 de agosto, y que a la vez habiliten cambios de mayor calidad y estructura.