BANDAS PARAESTATALES, ANTI SUBVERSIÓN Y RESISTENCIA POPULAR
Rubén Vásquez
Los candidatos de los de arriba hacen discursos sobre buscar seguridad para los megarricos, lo que obliga a los de abajo a luchar por seguridad para el pueblo y sus liderazgos; ante las costumbres genocidas del régimen dominante, se alza en rebelión la resistencia popular.
Luego del triunfo de la Revolución Cubana, la política de contención hacia América latina fue materializada a través de la Doctrina de Seguridad Nacional, como herramienta para combatir al enemigo interno (comunismo), en una persecución y exterminio que llaman la Guerra Fría (1946-1991).
Primero eran ‘Pájaros’, luego paracos
Desde los años sesenta, hasta los ochenta el país ha sido víctima, del surgimiento amparado en las políticas del Estado, de grupos paramilitares, como por ejemplo la Mano Negra que estuvo asociado a los grupos de limpieza social, como producto de la insuficiencia institucional en seguridad. El modelo paramilitar en el Magadalena Medio en San Juan Bosco la verde y que más adelante golpeó a San Vicente de Chucurí, se tradujo en la conformación de las autodefensas campesinas del Magdalena Medio, Cundinamarca, Sur de Bolívar, que luego se extendieron en bloques, bandas y estructuras por toda la geografía nacional.
Entre 1987, cuando se produce el Paro del Nororiente y 1990, fueron los años donde la protesta social y popular y la impunidad por los crímenes cometidos por paramilitarismo marcaron la historia, de esta importante región santandereana y del nororiente colombiano. La respuesta del Estado sigue siendo la misma, represión, criminalización y muerte como practica estatal. El Estado colombiano fue condenado en el año 2023 por 30 años de persecución amenazas y violaciones a los derechos humanos. La lucha por la vida y el territorio ha sido un clamor que pervive hasta nuestros días.
Las concentraciones campesinas de los años ochenta en San Vicente de Chucuri, la toma de Bucaramanga, las marchas de barranca y Ocaña dejaron un importante camino de que solo a través de la lucha y organización desde la base, es que se conquistan las reivindicaciones para el pueblo y sus comunidades.
La reconfiguración del proyecto paramilitar que hicieron durante el gobierno de Duque (2018-2022), los repetidos falsos intentos de desmovilización y desarme, han sido realmente reingenierías al modelo paramilitar, que hoy por hoy se funde con los grupos de disidencias exfarc y se encuentran con estas, dada su naturaleza narcoparamilitar.
Bajo el progresismo crece el paramilitarismo
Contradictoriamente el crecimiento del paramilitarismo en el gobierno del cambio ha sido alta, algunos informes hablan de un 70 por ciento, y las disputas territoriales del neo paramilitarismo se reproducen bajo el amparo de la guerra de regiones, impuesta por el régimen dominante. El gobierno del cambio no ha tocado al régimen, al contrario, lo ha sostenido, así como la concepción de guerra perpetua y la guerra total, tras el fracaso de la fallida política de Paz Total.
La campaña electoral por la carrera presidencial adopta el marketing de la necesidad de recuperar la seguridad para élite dominante y la paz condicionada a los intereses de la minoría súper rica. El pueblo que es la mayoría, sabe de los grandes problemas estructurales que tiene la nación, porque los vive en su cotidianidad, la profunda desigualdad social, la violencia política y la militarización, son entre otras prácticas los que ahondan los problemas de la Patria.
Los documentos de inteligencia del Ministerio de Defensa, la Defensoría del Pueblo revelan como el cartel de las drogas del Clan de golfo y las bandas de la Sierra Nevada de Santa Marta se encuentran en plena expansión a nivel nacional. Recordemos que la persistencia del paramilitarismo responde a intereses, que buscan consolidar el control territorial a través del narcotráfico, la ganadería, la agroindustria, la minería y la apropiación de las tierras.
Todos queremos paz, pero la paz no es impunidad
El paramilitarismo hoy, así como ayer, constituye un gran obstáculo estructural para alcanzar la tan anhelada paz, el pueblo colombiano merece otro destino y horizonte, donde las soluciones a los grandes problemas de la patria se construyan con la gente, sacando la violencia de la política, desactivando el terrorismo de Estado y desmontando la maquinaria de guerra paramilitar en nuestros campos y ciudades.