EL MODELO ECONÓMICO PARE POBREZA Y DESIGUALDAD
Chavela Villamil
El modelo económico favorece a un reducido grupo plutocrático nacional y transnacional, sus empresas registran buenos márgenes de utilidades, mientras empobrece a la mayoría, merma su poder adquisitivo, exacerba la desigualdad y genera una crisis de civilización.
El modelo actual al concentrar el capital en un reducido grupo plutocrático, hace incremental la pobreza (monetaria y multidimensional), a la par que acrecienta la brecha de desigualdad, generando grandes déficits del Gasto Social, que los Estados son incapaces de subsanar, ya que el modelo en sí mismo es deficitario.
La sobreproducción y el exorbitante crecimiento de los capitales oligopólicos, no solo incrementan la desigualdad, sino que ha llevado a que durante décadas el modelo capitalista experimente una crisis, que ha contraído paulatinamente la economía global, lo que ha conllevado la desaceleración de la economía, afectando la sostenibilidad fiscal de los países, sin importar si son desarrollados o en desarrollo, impacto que se siente con mayor fuerza en los países dependientes del capital extranjero.
Crisis de deuda que está obligando a decenas de países a incrementar constantemente su déficit de Cuenta Corriente, generando la inestabilidad de su mercado interno y la entrega de sus políticas económicas a los organismos multilaterales, que son manejados por las potencias económicas, incurriendo en pérdida de soberanía, sobre incremento del déficit interno, decrecimiento del poder adquisitivo per cápita y exacerbación de la desigualdad, entre otros.
Los ricos crecen y los pobres aún más
De acuerdo a informes del Comité de Oxford de Ayuda Contra el Hambre (Oxfam, por su sigla en inglés), durante el 2025 por primera vez en la historia, el número total de milmillonarios en el mundo superó los 3.000 y, su riqueza combinada ha alcanzado un valor sin precedentes, en contraste con que a nivel global, una de cada cuatro personas pasa hambre.
Con la mayor concentración de la riqueza en una minoría, producen un retroceso democrático o de los principios de equidad, pues los milmillonarios utilizan su fortuna para influir sobre actores políticos, presionar a los Gobiernos, comprar medios de comunicación y redes sociales. Con un poder así, los milmillonarios tienen nuestro futuro en sus manos, socavando la libertad política y erosionando los derechos de la mayoría de las personas [1].
En las últimas décadas, quienes defendían la globalización económica se amparaban en el Efecto Goteo o Trickle Down Effect (TDE por su sigla en inglés), para justificar que al aumentar la riqueza de unos pocos, esta se derramaría sobre el resto de la sociedad, por esto, aumentan de la riqueza en los emporios económicos, supuestamente para creen más empleo y reducción de la pobreza; sin embargo, en la década actual se hizo más evidente la pauperización de gran parte de la sociedad, porque ya que casi la mitad de la población global (48,9 por ciento) vive en condición de pobreza, lo que ha demostrado que el Trickle-Down resulto ser una farsa.
La filósofa Ingrid Robeyns ha planteado una serie de argumentos filosóficos en favor de que se establezca legalmente un límite máximo a la concentración de la riqueza privada, su propuesta argumenta que, «cuando la acumulación de riqueza privada supera unos determinados niveles, pasa a ser injustificable desde el punto de vista moral y peligrosa desde el punto de vista político, por ende, el umbral de riqueza no debería ser superior a los 10 millones de dólares» [2].
Horror: Nuestra política económica fortalece la pobreza
Durante décadas la pobreza, la desigualdad y la concentración de la tierra en latifundios concentrados en reducidos grupos económicos ha sido una constante, además las zonas periféricas del país que en contraste tienen gran riqueza en recursos naturales, -por ejemplo Chocó-, han estado en total orfandad estatal, lo que favorece la explotación y el saqueo de bienes comunes por parte de multinacionales y emporios nacionales.
En las regiones excluidas los servicios fundamentales como alcantarillado y agua potable brillan por su ausencia, lo que conlleva a que crezca constantemente la pobreza multidimensional y la escasez de empleo formal incrementan con mayor fuerza la pobreza monetaria y decrecen el poder adquisitivo per cápita, que según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en las zonas apartadas y rurales llega al 48,9 por ciento.
Lo que es peor, la marcada contracción de la economía nos ha hecho dependientes del capital extranjero, conllevando la necesidad de hacer constantes empréstitos a tasas de interés que a la fecha superan el 14 por ciento, sobre incrementando el déficit de Cuenta Corriente, donde solo la Deuda Externa (DE) llega en la actualidad a 252.168 millones de dólares, lo que equivale al 55,2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Según la CEPAL, Colombia es el segundo país de la región con mayores índices de pobreza y el primero en desigualdad en América Latina [3].
Nuestro país no es contrario a la tendencia global de riqueza y oligopolio plutocrático, al igual que la concentración del poder político y mediático en reducido grupo oligopólico. La Banca, el sector salud y pensional y los medios de comunicación en buena parte pertenecen a solo tres emporios económicos, lo que les permite ejercen una seudodictadura diseñada para enriquecerse a través de un ciclo de masa monetaria; prestan dinero a tasas favorables, que ellos controlan y este retorna con grandes ganancias, dinero que reinvierten en múltiples empresas y negocios dentro de estas los medios de comunicación, los cuales utilizan apropiadamente para construir una corriente de opinión, que sea favorable a sostener el modelo económico que los beneficia, al tiempo que rechazan cualquier modelo o reforma que afecte su emporio económico.
El cambio de modelo hace viable nuestra economía
La marcada contracción de la economía requiere que el Gobierno trace un plan de emergencia, que en plazo inmediato debe centrarse en la disminución del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de Deuda Externa), y el incremento del recaudo, centrando este último no en la captación por masa de capital, sino en la captación por volumen de capital neto, esto equivale a que los grandes patrimonios y los oligopolios incrementen su tributación de manera considerable y acorde a su posición económica privilegiada, en otras palabras, hacer un recaudo redistributivo.
Nuestra política económica debe estar fundada en favorecer a todos los colombianos, en especial en subsidiar capas bajas de la sociedad, además el desarrollo sostenible debe tener como eje central el aumento del poder adquisitivo per cápita y la disminución de los beneficios fiscales y tributarios de los mega empresarios.
Como sociedad debemos luchar por una política económica que disminuya el Gasto Corriente e incremente de manera integral el Gasto Social. Dar solución a la crisis económica del país implica congelar los montos destinados a la DE y en el mediano plazo renegociar este pasivo; además, la política estatal debe desarrollar un plan estricto de austeridad fiscal, que desde luego debe contemplar la disminución de la carga burocrática y decrecer el Gasto Corriente.
La reactivación y la solidez solo es posible incrementando el flujo de capital líquido y mejorando el poder adquisitivo per cápita, lo que hace inaplazable un cambio estructural de la política económica y laboral, en otras palabras, se debe incrementar la tributación de las grandes empresas y de los grandes capitales, generando una política redistributiva que invierta este dinero en planes de desarrollo integral sostenible, que dé prioridad a la inversión nacional y retraiga la inversión de capital transnacional.
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[1-2] Contra el imperio de los más ricos. Oxfam, 2026.
[3] Panorama Social de América Latina y el Caribe. Cepal, marzo de 2025.