78 AÑOS DESPUÉS
Sergio Torres
El 9 de abril establecido como Día Nacional de las Víctimas desde 2011, reivindica sus derechos, sin embargo, de estas buenas intenciones escasamente sobreviven los homenajes, pues la realidad del terrorismo de Estado sigue dejando numerosas víctimas.
Un 9 de abril de 1948 fue el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, un crimen con el que se estrenó una “bebe” asesina: La CIA, que para ese momento tenía tan solo un año de creada en Estados Unidos, desde ese entonces y para siempre se convertiría en una de las agencias promotoras y desarrolladoras de muertes selectivas y magnicidios por encargo a los intereses del imperio norteamericano.
El asesinato de Gaitán provocó el levantamiento popular y la respuesta represiva del establecimiento, una guerra civil conocida como La Violencia, cuyo desarrollo sintetiza la particular democracia colombiana, de magnicidios, repartija del poder entre elites partidistas, asesinato como método de control y pacificación contra opositores y rebeldes.
78 años después, nada ha cambiado. Incluso, al igual que en el periodo posterior al asesinato de Gaitán, aunque se digan de izquierda o derecha, hoy los gobiernos no se diferencian en sus políticas. Las órdenes para el Estado siguen dictándose desde Washington y acatándose obedientemente en Bogotá.
El gobierno de Petro (2022-2026) se dedicó a hacer supuestos reconocimientos y peticiones de perdón por anteriores crímenes de Estado, cometidos contra procesos y organizaciones sociales y políticas. Sin embargo, no tuvo ninguna voluntad política para frenar el genocidio contra liderazgos sociales, que continúa a ritmo creciente.
El 9 de abril en regiones como el Catatumbo, el Sur de Bolívar, Chocó y Arauca es conmemorado con acciones de terrorismo de Estado desde el gobierno colombiano. El desarrollo de un nuevo impulso del paramilitarismo y la contrainsurgencia en su versión progre, esta vez articulado y en connivencia de las bandas narcoparamilitares disidentes que quedaron del accidentado acuerdo de paz de 2016, con las extintas Farc.
Lo acontecido esta semana en los corregimientos de Filo Gringo, Filo Quemao, El Diamante y Tres Curvas, jurisdicción municipal de Tibú, Norte de Santander, es una muestra trágica de lo que terminó convertido el gobierno progresista de Petro. Donde la protección y connivencia de las Fuerzas Armadas (FFAA) estatales con una banda narcotraficante y paramilitar, causan la muerte y el terror en comunidades enteras.
Nuevas modalidades de Falsos Positivos desarrollan en estas zonas, donde el ejército gubernamental protege y traslada a los miembros de la banda 33, de las zonas que les ha cedido; después lanza morteros y explosivos sobre estas zonas y difunde el montaje de supuestos ataques a la banda. Es decir, el montaje de un falso escenario de operaciones.
El pro gringo ministro de Defensa, Pedro Sánchez, como muñeco de ventrílocuo, se dedica a decir falsedades mientras las FFAA siguen masacrando y aterrorizando civiles. Una práctica que el Estado colombiano sigue desarrollando 78 años después y que un supuesto gobierno de raigambre popular continuó y profundizó.