LA REBELIÓN, UN DERECHO Y UN RECURSO

LA REBELIÓN, UN DERECHO Y UN RECURSO

Claudia Isabel Ardila

‘El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad: la nuestra es la madre de todos los hombres libres y justos, sin distinción de origen y condición’: Simón Bolívar.

El maestro Antonio García unos de los científicos sociales más importantes de Colombia al estudiar la gesta de los Comuneros (1781), señaló hace casi medio siglo que no se trataba aquella de una reacción inscrita en la historia de la Corona española, sino que era el comienzo de otra Historia: la propia de un país posible contra ese poder dominante establecido siglos atrás; un proceso que nacía con ese movimiento insurreccional bajo la forma de una prerrevolución de Independencia que décadas después acontecería cuando Bolívar avanzó con su campaña de emancipación.

En el análisis tanto de ese gran precedente que encabezó José Antonio Galán como en el desarrollo de lo que acometió el Ejército Libertador (1819), se destaca en la raíz el problema de los impuestos, del uso de la fuerza y de la necesidad de normas que dieran luz y límite a la rebelión.

En el universo de la rebeldía histórica existen algunos hechos eminentemente personales o de grupos como signos puntuales de resistencia digna ante la opresión, pero también proyectos complejos configurados mediante profundas y colectivas concepciones del mundo, del ser humano y de la sociedad, que afirman por lo tanto eslabones, tácticas, estrategias, objetivos y medios adecuados de la rebelión ante estructuras de sometimiento e injusticia, siendo el fin loable derrumbar éstas y emprender transformaciones.

Cuando en el siglo XX en diferentes lugares del planeta se dieron ensayos de revolución socialista, éstos volvieron al origen o coincidieron con ese viejo grito de los pobres contra el cobro de impuestos para sostener a los ricos y sus privilegios, como en la Edad Antigua y en la Edad Media se había dado por parte de artesanos, campesinos y comerciantes que se negaron mediante las armas a pagar más tributos que en nada les beneficiaban; así mismo, esas luchas recientes renovaron el anhelo de un poder popular establecido y regulado con normas propias; y por supuesto el ejercicio de levantarse en armas, que es a lo que desde lo jurídico se llama ‘el Derecho a la Rebelión’ y desde los hechos sin ropaje normativo denominamos ‘Recurso de la Rebelión’.

Esto nos sirve para recordar algo elemental que hoy día suele ser desconocido por ignorancia o por mala fe, para oponer fuerzas justas a los diferentes monopolios que el régimen concentra favoreciendo a unas élites, es legítimo y preciso retar esas prerrogativas e instrumentos que el Estado despliega contra el pueblo: las armas, las normas y los tributos; de ahí que con derecho y como necesidad racional para ser y no para fingir, la Rebelión debe proponerse desafiar esas potestades y al menos en esos campos disputar la licitud y la finalidad de esas tres columnas.

Una mafia también puede tener normas separadas, brindar seguridad a unos, retar el uso de las armas por el Estado y cobrar impuestos, pero lo hace para aumentar su lucro, sus riquezas, para extender su proyecto de muerte; la insurgencia inspirada en los valores de la liberación y los derechos de los pueblos, persigue combatir por el altruismo del bienestar general o el bien público y desarrollar lo que corresponde a esos monopolios, por lo tanto tiene al menos tres sistemas adversos a los del régimen: tributario o de impuestación, defensa y construcción de garantías mediante las armas o áreas militares y coactivas, y otro relativo a una nueva juridicidad.

En el ELN tenemos no sólo estos tres sistemas sino otros, para adversar históricamente al régimen y los disponemos al servicio desde, con y para el pueblo en sus procesos de lucha, Een los diferentes escenarios políticos, militares, económicos, normativos, sociales, regionales y culturales, enfrentamos como fuerza revolucionaria dilemas y realidades, una de ellas la macabra extensión del narcotráfico; como lo hacemos ante diferentes actividades criminales, legales o no, que el mercado capitalista ensancha, buscamos ante unos negocios erradicarlos de una vez de la faz de la tierra, tal sería y es ante quienes comercian con órganos o cometen la trata de seres humanos, sin contemplación actuamos.

Así, definiendo desde los años ochenta como organización rebelde una ética y un derecho propio que nos consagra a un deslinde categórico y ejemplar con el narcotráfico, castigando duramente cualquier trasgresión interna, siendo lesiva toda la cadena de ese fenómeno transnacional que el Imperialismo induce y que alimenta y demuestra la degradación capitalista, si no podemos atacarlo automática y contundentemente, sin afectar la sobrevivencia de gran parte de la población en los territorios donde ese flagelo nos azota a todos, hemos determinado una escala y unas formas de impuestos específicos, como lo efectuamos sobre otro tipo de negocios que se mantienen y que destruyen la naturaleza y a las comunidades, mientras avanzamos a la vez en su supresión definitiva y en alternativas de vida digna junto a los sectores populares sometidos al hambre y la miseria.

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