¿QUÉ ES MÁS PELIGROSO, EL DÉFICIT O LOS INTERESES DE LA DEUDA?

¿QUÉ ES MÁS PELIGROSO, EL DÉFICIT O LOS INTERESES DE LA DEUDA?

Claudia Julieta Parra

En los últimos años hemos sufrido una desaceleración económica, que ha decrecido ostensiblemente la producción interna, lo que ha sobre incrementado el déficit de Cuenta Corriente, amenazando nuestra estabilidad y la capacidad de endeudamiento, empujándonos hacia una posible recesión.

La desaceleración del Producto Interno Bruto (PIB) ha decrecido el erario, y a su vez el incremento del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de Deuda Externa), hecho por este Gobierno desde sus inicios, ha aumentado el déficit económico heredado de Gobiernos anteriores, hasta márgenes críticos que ponen en alto riesgo la Regla Fiscal, la capacidad de endeudamiento y la solvencia del Estado.

Ante la falta de recursos y el estancamiento tributario, que ha ocasionado la contracción del mercado global y la no aprobación de las últimas reformas tributarias, el Gobierno ha decidido hacer una emisión de Bonos TES, por más de 30 billones de pesos, lo que no solo ha ocasionado una deuda, que pone en riesgo la vigencias futuras de la nación, sino que además ha elevado las tasas de interés, llegando 14,46 por ciento, lo que aumenta en varios miles de millones las deudas contraídas, asfixiando el PIB y haciendo estos pasivos casi que impagables, en otras palabras, estamos encadenados a disponer más de un tercio del PIB, para pagar solo los intereses de las deudas contraídas.

La nefasta política económica instaurada en nuestro país, desde hace décadas y sostenida por gobiernos sucesivos hasta hoy, ante la reducción de la percepción de ingresos y disminución del PIB, no ha contraído su política de gasto y endeudamiento, por el contrario, ha venido incrementando ostensiblemente el Gasto Corriente, lo que amplía constantemente el déficit fiscal.

El principal problema de nuestra economía, radica en la política fiscal y económica, toda vez que los tributos recaudados cubren medianamente la balanza de gastos, pero lo recaudado no se invierte sino que, en un margen superior al 77 por ciento se destina al Gasto Corriente y además se consume más de lo que se produce; esto exige una inminente reestructuración del Gasto Corriente y la generación de una política de austeridad estatal, que conlleva el recorte del gasto suntuario y la menoscabo de gastos onerosos. Salvar nuestra economía implica cambios en el paradigma económico que incremente el poder adquisitivo per cápita y que genere una tributación redistributiva que dinamice la economía y la industria nacional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *