DEJARSE ROBAR EL SENTIDO, LA DIGNIDAD Y LA VIDA

DEJARSE ROBAR EL SENTIDO, LA DIGNIDAD Y LA VIDA

Sergio Torres

En medio de la coyuntura electoral, se escuchan planteamientos cargados de altas dosis de irracionalidad, que por saturación tratan de aparentar sensatez y razonabilidad. Política tanatóloga para hacer creer que matarlo todo es un buen proyecto de vida.

Los tan mencionados monstruos de los que hablaba Gramsci aparecen en el mundo al amparo del decadente imperio y su pasajero administrador, venido a “rey”, con la orden de arrastrar en su decadencia cuanto más pueda. Antes de que el propio imperio lo remueva por ancianidad, por demencia y porque ya no les sirve más, Trump seguirá tratando de dejar embriones de tiranitos miserables con altas dosis de desvergüenza.

La guerra es la paz

La consigna utilizada en la “1984” de Orwell hoy parece cobrar un lugar en la política imperial ordenada para los países como Colombia. Buscar un culpable único en el que se puedan echar todas las culpas. Hace rato que este papel trata de asignarlo a la insurgencia revolucionaria. El gobierno saliente intentó por todos los medios a su alcance deslegitimar la rebeldía; ha tratado de ocultar las causas y el conflicto armado mismo, tratando de acabar y sepultar a quienes se atreven a discrepar, el ELN como primer ejemplo.

Lo más trágico, es que lo mismo hace el imperio con el gobierno actual y con todo cuanto no aplauda sus ocurrencias. Lo ha llamado narcotraficante y hostil, aunque también manifestó su “amistad” cuando la sumisión fue evidente.

Peor aún con el nuevo aspirante a “jefe” del Estado. Desprovisto de cualquier interés básico y fundamental en el país. Se han dedicado a implantar ideas de la agenda de los Estados Unidos y, por tanto, sin ningún tipo de bienaventuranza para Colombia.

Hablan, por ejemplo, de “fracking sostenible”, cuando la ciencia y la naturaleza misma han evidenciado los desastres que ocasiona esta técnica de extracción y exprimido de la tierra. Hablar de sostenibilidad con una técnica tan devastadora y contaminante es el cinismo en estado puro, más aún cuando las “ganancias” económicas a partir del desastre no son para el país.

Igual ocurre con los llamados a la guerra. El planteamiento de exacerbar la guerra para avanzar hacia la paz, no solo es la continuidad de un fracasado modelo impuesto, sino también un doble contrasentido, pues no hay nada de nuevo. Quienes siguen negando las posibilidades de construir la paz, son quienes viven en las comodidades capitalinas y bajo la protección del Estado o quienes ni siquiera viven en él. Es fácil plantear la guerra con hijos ajenos y en territorios alejados.

Salvo que se esté pretendiendo la eliminación y arrasamiento del territorio, no hay tal contenido transformador en las propuestas impulsadas por los proimperialistas. Y en ese caso es una propuesta de guerra total. Las expresiones populares estamos dispuestas a resistir. Pero también estamos dispuestas a desarrollar y construir un Acuerdo Nacional donde todas y todos los colombianos nos miremos a los ojos y nos digamos lo que tiene que cambiar.

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