DECRECER IMPUESTOS A LOS OLIGOPOLIOS NO DIEZMA LA CRISIS
Chavela Villamil
El neoliberalismo ha difundido ampliamente el dogma, que aliviar tributación a los megaempresarios y los oligopolios, generaría plazas laborales y dinamizaría la economía interna; sin embargo, los hechos muestran lo contrario.
A este dogma lo bautizaron como Efecto Goteo o Trickle Down Effect (TDE, por su sigla en inglés), queriendo decir que si el Estado rebajaba impuestos a los mega ricos, estos se enriquecen aún más y tal riqueza gotearía hacia las capas bajas de la sociedad; pero en décadas de aplicación, su resultado en todo el mundo ha sido exactamente el contrario, no ha generado un repunte del empleo formal, ni crecimiento del poder adquisitivo y si ha acrecentado la desigualdad y el empobrecimiento de la mayoría; lo que si generó fue mayor acumulación y concentración de la riqueza.
El capitalismo como modelo económico global imperante no solo se ha desgastado, sino que además al monopolizar la riqueza en un reducido grupo plutocrático, ha sobre incrementado la desigualdad y la pobreza (multidimensional y monetaria) a nivel global y en especial en los países dependientes del capital extranjero.
En el mismo sentido, las políticas neoliberales implantadas durante décadas desligan obligaciones estatales a través de la enajenación de activos, para disminuir el compromiso fiscal de este y a su vez la política de Apertura Económica ha favorecido la sobreincrementación de utilidades del capital privado, a costa de beneficios sociales y salariales.
Un modelo centrado exclusivamente en la acumulación oligopólica va en total contravía del deber ser de la economía, que tiene como objetivo central satisfacer las necesidades básicas de la población, reduciendo al mínimo la brecha de desigualdad y la línea de pobreza moderada y extrema, además busca que el sistema fiscal y tributario tenga un enfoque redistributivo; desde luego, este paradigma económico no es más que una utopía, que cada día es aplastada por la economía de libre mercado, donde el fin único es la acumulación de capital.
El debate sobre el TDE
La política económica es un postulado transversal al desarrollo y a la política de un Gobierno, razón por la cual, durante la actual contienda electoral, este ha sido un tema discutido y planteado por todos los candidatos, quienes en su gran mayoría basan sus paradigmas económicos en seguir haciendo ‘más de los mismo’: bajar la tributación de los grandes empresarios, bajo la falacia de repuntar el empleo formal y aumentar el poder adquisitivo per cápita. Esto no es algo novedoso, porque es resucitar la vieja momia capitalista neoliberal del TDE.
‘Más de lo mismo’ que aplican también a la Apertura Económica, implantada desde hace tres décadas, cuando abrieron la economía a la Flexibilización Económica [*], lo que ha incrementado el déficit de Cuenta Corriente a términos casi insostenibles; por si fuera poco, ha dejado que el mercado de mínimo y corto plazo sea reemplazado por la economía informal, lo que genera masa monetaria fluctuante pero de carácter volátil, lo que incrementa el déficit de costo de vida y amplia la brecha de pobreza monetaria y la pérdida de poder adquisitivo per cápita.
Los ‘huevitos’ de Uribe y Duque
Al analizar el caso colombiano encontramos que durante los Gobiernos de Uribe (2002-2010) y Duque (2018-2022), se sostuvo una política firme de favorecimiento tributario a las mega empresa y el oligopolio, sin embargo, durante estos periodos el desempleo estuvo sobre los dos dígitos, en la era Uribe tuvo una media de 12,25 por ciento y, en la era Duque la media fue de 12,83, en contraste en el actual Gobierno -a quienes muchos catalogan como un descalabro en materia económica-, el índice de desempleo tiene una media de 9,53 por ciento. Estos estadígrafos confrontan los supuestos beneficios que trae el TDE en materia de dinamización de la economía, plazas laborales e incremento del poder adquisitivo per cápita.

Los países que por décadas han aplicado el TDE en su economía, no han logrado minimizar la brecha de desigualdad social, ni han incrementado el poder adquisitivo per cápita; por el contrario, a medida que los dividendos del capital privado se incrementan, los ricos se vuelven más ricos, se pauperiza el sector asalariado y crece el empleo informal, lo cual aumenta la brecha de pobreza y desigualdad. En referencia a los efectos nocivos de TDE son muchos economistas que han documentado sobre los mismos.
Hablan los que saben
La economista Emily DiVito dice que, “los recortes regresivos del impuesto de sociedades no aumentan significativamente los ingresos de las familias trabajadoras, pero sí reducen la capacidad del gobierno para financiar los ingresos familiares y el apoyo a los cuidados; además, una política fiscal corporativa sólida es vital para todos los aspectos de una economía próspera, no reinventar un uso más ambicioso e integral de la política fiscal corporativa nos impide lograr una economía y una sociedad más equitativas, sostenibles y democráticas para todos» [1].
El Instituto Roosevelt afirma que, “la tributación de las personas jurídicas y en especial las grandes superficies, es clave para crear una economía fuerte y mejorar el bienestar de la sociedad en su conjunto, sin embargo, esto contrasta con la mayoría de modelos económicos, que durante décadas han socavado este precepto y se han centrado en la reducción fiscal y tributaria de este tipo de empresas” [2].
Keynes sostiene que, “la crisis económica no existe debido a la escasez de recursos, sino por la escasez de demanda, que provoca que no se consuma lo suficiente como para tener que producir una cantidad de bienes que dé trabajo a todos”.
Nuestra economía requiere nuevos paradigmas
La desaceleración económica, la Recesión Técnica declarada por el Banco de la República, la inflación, el sostener altas tasas de interés, el incremento constante de la Deuda Externa (DE), entre otros, exige una política de austeridad, que permita mitigar estos fenómenos; es inaplazable un cambio de fondo en el modelo económico, que disminuya los pasivos estatales, fortalezca y desarrolle integralmente la producción nacional y equilibre la balanza comercial, disminuyendo la importación de materias primas y productos con valor agregado.
El Gobierno tiene el deber y el reto de dinamizar la economía, lo que tiene implícito la disminución del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de DE); un cambio de política económica y la construcción de un nuevo paradigma económico, que se centren en medidas que incrementen el poder adquisitivo per cápita, que solo es posible en la medida en que opere una política de formalización y estabilidad laboral, que permita a las capas sociales medias y bajas sufragar sus gastos básicos.
Tales cambios exigen una tributación acorde a la capacidad de pago, lo que implica detener las exenciones de ley a las empresas y grabar con mayor fuerza a los oligopolios, una tributación redistributiva que capte por capacidad de masa monetaria y no por nicho.
Para superar la crisis económica y el déficit de poder adquisitivo, es necesario instaurar una política económica fundada en la formalización del empleo y la mejoría de las condiciones salariales, por tanto, se requiere un modelo que fomente el desarrollo integral de la producción nacional, y que a su vez disminuya el Gasto Corriente e incremente de manera integral el Gasto Social.

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[*] Flexibilización Económica: conjunto de políticas gubernamentales y empresariales diseñadas para eliminar barreras regulatorias, flexibilizar los mercados laborales, liberalizar el comercio o relajar las políticas monetarias.
[1-2] Reports expose deep harms of corporate tax cuts and ‘trickle down’ ideology. Common Dreams, 23-07-2025.