PAKISTÁN, EL NUEVO ESCENARIO

PAKISTÁN, EL NUEVO ESCENARIO

Anaís Serrano

A pesar del fracaso de las conversaciones de las últimas horas, entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, la República Islámica de Pakistán ha emergido como un mediador que promueve el diálogo y la negociación, en la guerra del imperio occidental contra Irán.

Con más de 250 millones de habitantes, Pakistán está geoestratégicamente ubicado, al poseer fronteras con Irán, India y China; ocupa el sexto lugar en el ranking mundial de potencias nucleares y trae un conflicto territorial con la India, heredado desde el colonialismo británico, que ha dejado numerosas muertes en la región de Cachemira.

La alianza estratégica de Pakistán con China y su cercanía político religiosa con Irán, a pesar de algunos conflictos en la región fronteriza, lo ubican como una potencia que, aunque posee una relación comercial y político militar bastante pragmática con los EEUU, se ha ido distanciando de los intereses del imperio occidental en la región.

La disputa de los aliados

La India, en cambio es miembro del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, también conocido como Quad y del I2U2 o Quad de Asia Occidental, en el que se suma Israel, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos. Esto explica por qué el primer ministro indio, Narendra Modi, visitó a Benjamín Netanyahu poco antes del 28 de febrero, cuando inició la agresión estadounidense-sionista contra Irán. Los EEUU definen a la India como su mayor aliado de defensa, en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional, publicado a finales de 2025.

El desplazamiento de Catar como el más importante mediador en Asia Occidental, es sólo un síntoma de los cambios en la región, un verdadero reordenamiento geopolítico con miras a Asia Central y Oriental, producto de la nueva fase de guerra imperialista en la región.  Luego de muchas décadas de subordinación de las monarquías árabes a los intereses estadounidenses y de complicidad con el sionismo -a pesar del genocidio ejecutado en Palestina-, los emires y sus regímenes, quedaron al descubierto y han comenzado a sufrir las consecuencias. Esto afectó finalmente a la monarquía catarí, inhabilitándola como garante de diálogos.

La incapacidad de EEUU e Israel para proteger a sus aliados en la península arábiga, ha debilitado aún más esa alianza y ha abierto un nuevo espacio político a una Europa, que se ha negado a involucrarse directamente en esta guerra imperialista contra Irán, sepultando de facto a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y aumentando la furia de Trump.

Por qué una Mesa efímera

Es imposible saber hasta qué punto los EEUU, llegaron con un verdadero criterio de realidad a la Mesa de negociaciones en Islamabad, su retirada de la misma y el discurso posterior del vicepresidente estadounidense J.D. Vance, muestran lo contrario.

Queda evidente que los EEUU siguen cegados por un supremacismo, que les nubla la capacidad de comprender que la heroica resistencia de Irán ante sus ataques, ha profundizado el respaldo popular a la Revolución Islámica dentro y fuera del país, convirtiéndolo en vanguardia de las luchas antiimperialistas, ha fortalecido al Eje de la Resistencia, ha destruido la imagen de superioridad militar absoluta de los EEUU y ha acabado con el mito de la tal Cúpula de hierro, del ocupante israelí en Palestina.

Estos diálogos fracasados demuestran que:

1- luego de las habituales amenazas de Trump -particularmente la última y más escandalosa de acabar con la civilización persa- se vieron obligados a sentarse a negociar con Irán;

2- mientras el sionismo es capaz de obligar a EEUU a entrar a una guerra, los gobernantes estadounidenses son incapaces de controlar a Israel, que ha desconocido los términos del cese, al continuar atacando al Líbano, cometiendo verdaderas masacres de civiles en los últimos días; y

3- los verdaderos intereses imperialistas nada tienen que ver con la justicia, la paz, la democracia ni mucho menos con la defensa de los derechos de las mujeres, sino que, como siempre, son intereses político-económicos, los que empujan el ataque de EEUU e Israel contra Irán.

Lo que sigue tras la escenificación

Los EEUU abandonaron Islamabad a la carrera, luego de conversaciones de más de 12 horas con la delegación iraní, argumentando que Teherán no quiso aceptar sus términos, tratando de instalar en la opinión pública proimperialista la idea de que, la delegación estadounidense en realidad iba a negociar los términos de rendición de su enemigo.

La delegación iraní en cambio, se retira declarando que para su país la diplomacia es la continuación de la sagrada yihad de los defensores de su tierra y que no han olvidado ni olvidarán la experiencia de las violaciones de confianza y la malevolencia de EEUU. Regresan a Teherán con la certeza de que la guerra continúa, pero ahora, con el control del Estrecho de Ormuz, una gran capacidad bélica demostrada y un pueblo que, ante las amenazas de destruir puentes y centrales eléctricas, salió a rodearlas con sus cuerpos, evidenciando la fuerza que el significado del martirio le da al pensamiento chiíta, poder del pueblo que el imperialismo no acaba de comprender.

En medio de esta guerra que está terminando de reconfigurar las relaciones internacionales, la intensa jornada de conversaciones del pasado fin de semana, entre los EEUU e Irán solamente alcanzó un consenso: el reconocimiento de ambas delegaciones al nuevo papel de Pakistán en la geopolítica mundial.

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