PRESIDENTE AJENO
Comandante Antonio García
En el continente está de moda cierto tipo de Presidentes, que poco les interesa su nacionalidad y se sienten orgullosos de pertenecer a otras historias y cotidianidades. La historia se construye con pueblos y comunidades, y lo cotidiano se vive en el día a día de manera presencial.
Tenemos los ejemplos de Daniel Noboa (Ecuador) y hace unos años Pedro Pablo Kuczynski (Perú), este último se vio obligado a renunciar de su nacionalidad norteamericana. En otros tiempos, los futuros gobernantes, debían pasar temporadas en Estados Unidos haciendo el respectivo curso.
Deberíamos interrogarnos sobre lo que entendemos por nacionalidad, lo que implica hacer parte de una comunidad política territorializada y que lucha por construir un futuro común y tiene identidad en historia, idioma y cultura.
Se busca otra nacionalidad porque están embolatados los orígenes o gusta andar de paseo por el mundo y no luchar junto a los de su comunidad en el día a día, por eso la esposa del Tigre De la Espriella, Ana Lucía Pineda, se despacha con desparpajo cuando dice: (En Florencia, Italia) “vivimos maravilloso, trabajamos juntos, nuestros hijos, estamos en otro país. Si queremos vamos a Colombia, si no, no”… “Si perdemos, no pasa nada, porque ya tenemos una vida resuelta”.
Otros lo suavizan cuando dicen: «la ley colombiana no prohíbe que el Presidente tenga otra nacionalidad». Por ser italiano, así fuese postizo y estuviésemos en tiempos del Imperio Romano, no diríamos lo mismo. Por fortuna, las presiones no vendrán desde ese flanco, pues Calígula ya no está en el escenario ni blande la Pax Romana. Hoy es la Pax de Trump, quien ha revivido el más crudo colonialismo a punta de amenazas, misiles e intervenciones militares.
No es que el Tigre De la Espriella subestime las leyes gringas, las comparte, pues cuando solicitó esa nacionalidad, renunció bajo juramento, a su lealtad por Colombia y se comprometió a defender las leyes estadounidenses. Para él, de eso se trata, si llegase a ganar tendríamos un «Presidente ajeno», entonces el país sería un «protectorado» como son los planes de Trump para el continente y más allá.
ADENDA: En su viaje a gringolandia Petro ya no llevó el «megáfono», lo cambió por la «lámpara de Diógenes», parece que estaba buscando a su «amigo Trump», que lo tiene embolatado.