RESPETO Y DIGNIDAD, NADA MENOS…

RESPETO Y DIGNIDAD, NADA MENOS…

Damaris Izaguirre

El sistema patriarcal desde siempre nos ha oprimido y segregado por nuestra condición de género, la cual se recrudece y nos revictimiza, cuando además de ser mujer pertenecemos una clase social minoritaria o excluida.

Lo más perverso del sistema es que cimentó una cultura machista que naturalizó la Violencia Basada en género (VBG) y por esto algunos “justifican” lo que no tiene justificación.

El sistema se ha caracterizado por segregarnos y excluirnos y esto lo padecen con más fuerza y rigor las mujeres pertenecientes a grupos minoritarios, empobrecidos y excluidos. Desde siempre las mujeres hemos estado sometidas a la Violencia Basada en Género (VBG), siendo la pobreza estructural la mayor violencia que nos aqueja.

El gran problema de la VBG, es que la sociedad la ha naturalizado y la ha vuelto algo cotidiano, además el sistema judicial y político sigue aún sin dar la relevancia y prioridad a los casos, las víctimas siguen siendo expuestas y prejuzgadas, lo que lleva a que muchas aún se nieguen a denunciar y permitan que los victimarios se sigan arropando con el manto de la impunidad.

La naturalización de la VBG, convirtiéndola en algo cotidiano, relativizándola y llevando a que algunos disfracen el acoso en una broma; volviendo el lenguaje de doble sentido como algo cultural, que estamos obligadas a soportar; pero, estamos cansadas de soportar, queremos ser sujetos políticos libres con trato equitativo.

Por estos días vuelve a la palestra mediática el acoso del que cientos de nosotras somos víctimas diariamente, está vez la visibilización es por cuenta de la actitud despreciable del candidato de ultra derecha Abelardo De La Espriella, que durante una entrevista en el programa Piso 8, acosó y violentó los derechos de la periodista Laura Rodríguez, al hostigarla y casi obligarla a que viera una foto suya, donde se le insinuaba sobre su sudadera un bulto que supuestamente era su pene, incluso fue más allá y afirmó; “por el tamaño de mi ‘pene’ muchas mujeres van a votar por mí”.

Ante este vil acoso, cínicamente De La Espriella afirmó, que “cuando bromeé con la periodista no lo hice de mala fe”, pero para Laura esto jamás fue una broma, fue un acto indigno y grotesco tal como ella misma lo expresa: “no fue un simple comentario desafortunado. Fue un irrespeto total hacia mí y hacia mi trabajo. Me sentí vulnerada, acosada y asqueada”.

Más allá de la misoginia y el machismo de De La Espriella y del “humorista” Jovanotti, quien, en vez de mostrar un acto solidario, digno y exigir respeto por su compañera de trabajo, secundó la humillación y el acoso del que era víctima la periodista.

Nos agobia un modelo que replica los patrones machistas y patriarcales, que convirtió el doble sentido contra la mujer en un espectáculo, es inaudito que una sociedad apruebe que el acoso sea parte de los programas de espectáculo y del diario vivir de miles de nosotras; si no fuera así, dejaríamos de ser acosadas en la esquina o en Trasmi y, este tipo de programas carecerían de audiencia, pero contrario a esto, son los que más audiencia registran, ¿esta sociedad perdió el sentido común?, ¿solo nos duele la VBG cuándo ocurre en personas cercanas a nosotras?

No se puede dejar a un lado que debemos continuar luchando por el restablecimiento de derechos y la construcción de equidad de género, sin caer en los sincretismos del feminismo radical, en el entendido que nuestras luchas, como todas, se enriquecen cuando permitimos la participación del otro.

La segregación y la VBG es algo que sufrimos como mujeres diariamente pero que atañe a toda la sociedad y que además tiene implícito una lucha de clases ya que, la violencia contra la mujer es transversal a la pobreza y la desigualdad. No podemos hacer ‘oídos sordos’ a los planteamientos de la escritora Gloria Steinem, cuando afirmó que, “una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres”; marcando así el camino de la verdadera lucha, donde en unidad exigimos respeto y dignidad, nada menos…

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