¿QUIÉN GANA LA GUERRA EN IRÁN?
Anaís Serrano
La tensa y débil tregua que se vive en el estrecho de Ormuz y en la región, hace retumbar esta pregunta. Sin haber llegado aún a comprender completamente las complejidades de las guerras actuales, las respuestas se apresuran y las apuestas, literalmente, crecen.
Mientras Donald Trump sonríe triunfante luego de que, el pasado primero de mayo, anunciara en sendas cartas al Senado y a la Cámara estadounidenses, que para los fines de los Poderes de Guerra que el Congreso debía autorizarle luego de esa fecha, las hostilidades contra Irán, que comenzaron el 28 de febrero del año en curso, han terminado.
En Asia Occidental sin embargo, continúa el despliegue militar estadounidense, y ante la prensa el secretario de Estado Marco Rubio y el Secretario de Guerra Peter Hegseth se deshacen en inventar trampas retóricas para burlar las trabas legales a su guerra.
Rubio dice que lo que han terminado son las operaciones ofensivas y Hegseth que ya había declarado horas antes ante el Congreso, que “el mayor adversario al que se enfrentaba Estados Unidos no era el ejército iraní, sino las ‘palabras huecas y derrotistas’ de los demócratas y algunos legisladores republicanos”, pretendió desconocer el plazo dado por el Congreso, para solicitar los llamados Poderes de Guerra, alegando que desde el 21 de abril hay una tregua con la República Islámica.
Verborrea delirante y realidad tozuda
Ante las cámaras, el presidente Trump dirige su show. Tras dedicar la década de los noventa a realizar breves apariciones en incontables series y películas usando su verdadera identidad, ahora bailotea, se burla del Papa, de sus opositores políticos, amenaza pueblos enteros, periodistas, hace comentarios machistas, racistas, xenófobos y en estos últimos meses, se dedica a declarar victorias militares o el reinicio de ataques sin ton ni son, lanza ultimátums a Irán que luego recoge, alarga o simplemente olvida, todo sin que parezca importarle ni un poco el prestigio de su palabra, porque cada vez más es evidente que confía en la ignorancia política y la consecuente credulidad, del público de su país y en particular, del electorado de su movimiento MAGA.
En Asia Occidental, la realidad es otra. El estrecho de Ormuz sigue controlado por Irán y asediado por EEUU en un intento de bloqueo, cuyo único efecto real ha sido impedir una normalización de la circulación en la zona, que estaba comenzando reanudarse eso sí, bajo supervisión iraní.
Los triunfos militares estadounidense israelíes en la región, son evidentes y si se tratara de una guerra común, sería muy sencillo otorgarles la victoria. Desglosemos un poco el balance.
Un balance desde una esquina
Mientras el bloque Estados Unidos-Israel ha asesinado más de mil civiles en Irán, entre ellos más de 200 niños y niñas, lo que, dentro de su política genocida, es un gran triunfo. Han logrado también la muerte en combate y el asesinato de más de doscientos importantes líderes políticos, científicos y militares, entre ellos nada menos que el líder supremo de Irán, y guía espiritual de todos los pueblos chiítas, el Ayatolá Ali Jamenei.
Estados Unidos por su parte contabiliza sólo catorce militares muertos (aunque se sabe que la cifra es mucho mayor), Israel como era de esperarse, ha ocultado aún más las cifras y hasta ahora se conoce solo de un poco más de una docena de muertes de colonos, que difícilmente pueden ser contabilizados como civiles, dado que sus propias leyes hacen de cada colono o colona, un militar activo.
Pero la dolorosa cuenta de vidas humanas es mucho más grande, dado que esta guerra realmente se extiende en toda Asia y sus estertores llegan hasta África. Poco más de una decena de personas han muerto en la península arábiga, mientras en Líbano y Palestina las masacres ejecutadas por Israel continúan ocasionando más de un centenar de muertes en los últimos dos meses y es imposible, separar las acciones del sionismo en esos territorios de la guerra que aquí analizamos, dado que todos estos crímenes israelíes y estadounidenses obedecen al mismo objetivo estratégico imperialista en Asia Occidental.
Partiendo de los éxitos de las operaciones de inteligencia, sobre todo del Mossad en territorio persa, también es innegable que la armada iraní ha sufrido bajas y pérdidas materiales, las defensas antiaéreas de Irán han sido diezmadas, Estados Unidos e Israel golpearon la infraestructura nuclear iraní y su infraestructura petrolera también ha sido atacada.
Poniendo todo lo anterior en la balanza una mirada simplista, muy común en estos días, atribuiría sin duda la victoria a Estados Unidos y la entidad sionista. Pero el balance requiere más elementos.
La otra cara de la moneda
En primer lugar, la República Islámica de Irán sigue sin rendirse ni siquiera parcialmente, un nuevo líder supremo fue nombrado, la cadena de mando militar fue rápidamente recompuesta una y otra vez y el pueblo iraní, incluyendo a amplios sectores de la oposición, permanece hoy en las calles declarando su apoyo a Irán ante esta agresión criminal.
El Eje de la Resistencia, en Irak, Líbano, Palestina y Yemen, se ha levantado de todos los golpes y exhibe una nueva fuerza militar. La famosa Cúpula de Hierro de la colonia israelí ha sido vulnerada reiteradamente por Irán, que ha mostrado además una tecnología militar sorprendente y hasta ahora desconocida, las calles de los territorios ocupados por Israel han dejado de ser intocables, colonos y colonas huyen despavoridos a otros países.
A pesar del golpe a sus instalaciones, Irán sigue controlando casi media tonelada de uranio enriquecido que EEUU ha tratado de robar infructuosamente. También entre nueve y dieciséis bases estadounidenses en la región han sido impactadas y algunas prácticamente destruidas.
Irán ha golpeado la infraestructura petrolera de los países árabes aliados de los agresores y a pesar del bloqueo y los enfrentamientos permanentes en el mar, sigue controlando el acceso al Golfo Pérsico, ha acabado con la reserva de misiles de sus enemigos y ha roto definitivamente el mito de que EEUU es una fuerza militar, a la que no se puede resistir.
Las pérdidas económicas que la resistencia de la República Islámica de Irán ha generado a los EEUU, oscilan entre los 29.000 millones de dólares que Hegseth reconoció hace pocos días ante el Congreso y los 106.000 millones que denuncian observatorios independientes.
La impopularidad de la guerra en la opinión pública
Es innegable que tanto Estados Unidos como Israel continúan concentrado el poder de los medios en el mundo, pero la política comunicacional iraní ha comenzado a romper el cerco internacional, con desarrollos muy novedosos que ya son materia de estudios.
Mientras en la República Islámica, el sistema ha salido fortalecido y como ya dijimos, la oposición ha venido cerrando filas en aras de la defensa del territorio nacional y la vida del pueblo, en EEUU e Israel, esta guerra es cada vez más impopular.
En el gigante del norte, encuestas de distintas empresas dicen que, en promedio, un 60 por de la población desaprueba la guerra y más de un 70 por ciento cree que EEUU no cumplió los objetivos, que dijo buscar con esta guerra. Una amplia mayoría que incluye votantes republicanos, quiere un alto al fuego y entre el 54 y el 81 por ciento dice que siente en su bolsillo el impacto de este conflicto, principalmente por el aumento del precio de los combustibles. Todo esto está impactando directamente en la popularidad de Trump que ha caído a niveles históricos, incluso dentro de las filas de su propio partido.
Para Netanyahu las cosas no son muy diferentes, mientras al principio entre el 82 y el 93 por de los colonos y colonas apoyaban la guerra contra Irán, ya en abril casi la mitad (el 46 por ciento) ya dice que no ganaron, y 63 por ciento está insatisfecho con el resultado.
Mientras en Irán la opinión pública no tiene dudas sobre el compromiso de su gobierno con la defensa de su soberanía, en los EEUU e Israel se acusan mutuamente de injerencismo. En EEUU crecen las voces que acusan a Israel de haber conducido al país a la guerra para defender los intereses israelíes y en Israel, en 51 por ciento opina que esta guerra se desata por injerencia estadounidense.
Monarquías árabes reciben retaliaciones de Irán
En contraste con la primera impresión de un evidente triunfo estadounidense israelí, los últimos aspectos aquí tocados parecen demostrar que o Irán está ganando esta guerra o simplemente no ha sido derrotado y, aunque parezca un juego de palabras, ya eso es ganancia para quien enfrenta al ejército más poderoso del planeta y la más grande potencia nuclear de su región. Pero por ahora, sólo hay algunos ganadores y perdedores evidentes.
En primer lugar, pierden la mayoría de las monarquías árabes que han apostado todo apoyando a los EEUU e Israel, a pesar de los discursos, incluso permitiéndoles operar desde sus territorios y han terminado por recibir los misiles y drones iraníes en las Bases Militares estadounidenses en sus territorios y en su infraestructura petrolera. Ahora se les ha cerrado su ruta para la exportación petrolera y se han dañado oleoductos alternativos, recordemos que Arabia Saudita es el mayor exportador de petróleo del mundo y EAU se encuentra entre los cinco primeros lo que ha impactado en el mercado petrolero mundial.
Esta guerra ha cerrado el ingreso de mercancías al Golfo Pérsico, principalmente del oro que Emiratos Árabes y Arabia Saudita están obteniendo en Sudán. La más perjudicada económicamente ha sido la monarquía catarí, y en general todo el turismo de lujo que se mueve en la península.
Unos sufren daños y otros no
El segundo perdedor es Europa para quien el alza en los precios del combustible y el corte de rutas de circulación de mercancías entre Asia y su continente, impacta directamente en su economía.
Esta guerra también precipitó la agresión de EEUU contra Venezuela el 3 de enero, para apoderarse de su petróleo y secuestrar a su presidente, por lo que es imposible no incluir al país caribeño entre quienes han pagado las consecuencias y en este caso los impactos de esta agresión.
Y por supuesto, pierden todos los pueblos inmersos en el dolor de esta violencia. Así que además de las victorias de Irán, también en Asia, Pakistán y China, así como Rusia en Eurasia, están saliendo fortalecidos de esta guerra.
Sacan ganancias a costa de más desgaste de la hegemonía imperialista
Pero finalmente siempre hay que recordar que esta guerra desatada por EEUU e Israel, nace como parte de la guerra imperialista por su supervivencia, en medio de una grave crisis de hegemonía y, por tanto, uno de sus objetivos era restaurar el ciclo de acumulación, apoderarse de nuevas rutas y nuevos mercados y por supuesto, enriquecer a las minorías dominantes.
El lucrativo negocio de la guerra ha perjudicado políticamente a Trump, pero él y su familia se han enriquecido groseramente con ella, a través de la especulación financiera, también se han enriquecido los conglomerados vinculados a las petroleras y a la industria militar, tal es el caso de Shell, British Petroleum, Conoco Phillips y Palantir, a su lado, otros magnates sufren las consecuencias de la inestabilidad de los mercados, como es el caso de los magnates de la industria tecnológica que ha venido siendo desplazada, la millonaria industria automotriz, las líneas aéreas, las del transporte marítimo y personalmente magnates tan importantes como George Soros, quienes por interés propio y no por altruismo financian la oposición a esta guerra criminal.
El ejemplo de Irán
Más allá de las duras consecuencias que el aumento del combustible tiene en los sectores populares, incluso estadounidenses, la heroica resistencia iraní resulta una inspiración real para todos los pueblos del mundo, en momentos cuando la violencia genocida del imperialismo parecía indetenible.
La grieta que la acumulación concentrada de riqueza generada por la guerra, abre entre algunos sectores de la burguesía y otros de esta misma élite mundial que están perdiendo con ella, puede también generar espacios para la revolución que requieren ya no solamente los pueblos, sino la vida misma.