LA GEOPOLÍTICA DEL CUERNO DE ÁFRICA Y SOMALILANDIA

LA GEOPOLÍTICA DEL CUERNO DE ÁFRICA Y SOMALILANDIA

Anaís Serrano

Esto es como una película de espantos. En diciembre de 2025, el ente sionista de Israel reconoció a la autoproclamada republiqueta de Somalilandia, un territorio robado a Somalia desde 1991, que no cuenta con reconocimiento internacional. ¿Acaso al imperio occidental le importa que no le validen sus agresiones?

El reconocimiento incluyó el nombramiento de un embajador no residente en Hargeisa, la capital de este cuasi Estado títere. El primer ministro Netanyahu declaró que esta medida es «una extensión natural de los Acuerdos de Abraham», prefabricados por Trump. La reacción de la Unión Africana, la Liga Árabe y de la mayoría de los estados islámicos, fue de condena inmediata, calificando el acto de «nulo», «ilegal» y «una grave violación del derecho internacional».

Dentro de la guerra de agresión que Estados Unidos e Israel mantienen contra Irán y todo el Eje de la Resistencia, conflicto que desde 2025 han escalado a una dimensión regional abierta., los imperialistas incluyen este reconocimiento de Somalilandia, como su Estado títere.

Este reconocimiento de Somalilandia es la materialización de una estrategia de proyección militar en el sur del estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los puntos más sensible del comercio marítimo mundial, entre el Océano Índico y el Mediterráneo, por ser la entrada al Mar Rojo y paso obligado para el Canal de Suez; su orilla oriental hace parte del territorio de Yemen y en la orilla occidental se encuentra los territorios históricos de la desmembrada Somalia.

Como parte de los movimientos geopolíticos en la última semana, Somalia ha prohibido a los barcos israelíes navegar por el Golfo de Adén, en respuesta al reconocimiento de la independencia de Somalilandia y el envío de representación diplomática por parte del ente sionista.

La guerra se extiende hasta el Mar Rojo

Quitarle pedazos a Somalia ha sido la estrategia imperialista, con lo que buscan posicionarse en la orilla occidental de este paso marítimo. Para comprenderla en su máxima dimensión, es necesario analizar este tablero no en dos, sino en tres continentes simultáneamente: Asia, el corazón de la confrontación con Irán; África, el nuevo escenario de despliegue directo; y Europa, el rehén económico y estratégico de la seguridad de la ruta.

La operación conjunta sionista-estadounidense contra Irán ha incluido ataques a  posiciones de sus aliados en Irak, Libano y Yemen, así como la continuación del genocidio en Gaza. En respuesta, los hutíes (Ansar Allah) de Yemen intensificaron su presión y han declarado el estrecho de Bab el-Mandeb como zona de exclusión para cualquier buque con destino o vínculo con Israel, Emiratos Árabes Unidos o Estados Unidos.

El estrecho de Bab el-Mandeb tiene apenas 26 kilómetros de ancho (Ormuz tiene 35 kms) en su punto más angosto. Es el cuello de botella por el que transita cerca del 15 por ciento del comercio marítimo global y el 40 por ciento del comercio de Asia con Europa. En el Golfo de Adén, justo antes de entrar al Bab El-Mandeb, se encuentra Somalilandia.

La nueva Base Militar israelí en el Cuerno de África

Este territorio escindido de Somalia, se asienta sobre aproximadamente 850 kilómetros de costa del Golfo de Adén, limitando al oeste con Yibuti -donde Francia, Estados Unidos, China y Japón tienen bases militares-, al sur con Etiopía y al este con la región semiautónoma somalí de Puntlandia. Su puerto de Berbera fue modernizado y convertido en Base Militar por Emiratos Árabes Unidos desde 2017, operando como un enclave avanzado emiratí. Hoy, con el reconocimiento israelí, ese enclave se convierte en la primera plataforma terrestre de Israel en el Cuerno de África.

Según fuentes de inteligencia occidentales, la presencia israelí en Berbera, con el apoyo emiratí, incluiría ya una estación de vigilancia electrónica y satelital orientada al estrecho, una pista para drones armados (tipo Heron TP), y un contingente reducido de fuerzas especiales para operaciones de interdicción costera. Oficialmente los Estados involucrados lo niegan, pero representantes diplomáticos en la región dan por hecho el despliegue. El objetivo inmediato es contrarrestar a los hutíes desde el sur del estrecho, abriendo un frente que obligue al Eje de la Resistencia a dispersar sus recursos. Este enclave se ha denominado como el Eje Berbera (Israel, Emiratos Arabes Unidos, Etiopia).

La reacción hutí no se hizo esperar. Abdel Malek al-Houthi advirtió que cualquier presencia militar israelí identificada en Somalilandia será tratada como un objetivo militar legítimo. Irán ha transferido a los hutíes sistemas de radar de largo alcance y misiles Al-Mandab 2 con mayor precisión. Al-Shabaab, el movimiento yihadista somalí vinculado a Al-Qaeda, también ha prometido atentar contra intereses israelíes en la región.

Türkiye también mueve sus fichas en la región como parte de su disputa con Israel, reforzando los lazos con Somalia, en donde mantiene su mayor base militar en África, e incorporando presiones diplomáticas en otras zonas del Norte de África para asegurar su posición. Con este movimiento se configura lo que se ha denominado el Eje Mogadiscio (Somalia, Turkiye, Egipto, Arabia Saudita). China también ha incrementado su apoyo militar a Somalia, lo que hace más compleja la situación.

Europa: el rehén silencioso del conflicto

Europa es el tercer continente y, paradójicamente, el más afectado económicamente por la apertura de este nuevo frente de guerra. La Unión Europea depende críticamente del Canal de Suez y Bab el-Mandeb para su comercio con Asia. Transita por esta ruta, el 30 por ciento del comercio exterior europeo, el 40 por ciento de su gas natural licuado importado, y una parte sustancial de sus granos y aceites vegetales.

Una interrupción o encarecimiento de la ruta obliga a desviar los buques por el Cabo de Buena Esperanza en África del sur, añadiendo entre 10 y 14 días de navegación y elevando los costos de flete entre un 15 y un 30 por ciento. Para economías como Italia, España, Grecia o Francia, eso se traduce en inflación, tensiones en las cadenas de suministro y erosión de la competitividad industrial.

Además, Europa tiene intereses militares directos en el Cuerno de África. Francia mantiene unos 1.500 soldados en Yibuti, su mayor base en el extranjero, desde la cual participa en la vigilancia naval contra la piratería con la Operación EU NAVFOR Atalanta (de la cual inexplicablemente Colombia también participa desde 2021, ¡gracias a Duque!), y en misiones en el Sahel.

Italia tiene otra base en Yibuti, en tanto que Alemania, despliega buques de guerra rotativos. La militarización de Berbera por parte de Israel y Emiratos, genera fricción directa con los intereses franceses, que ven con recelo cualquier nueva presencia extranjera en su vecindad estratégica. París ya ha expresado preocupación por el reconocimiento israelí de Somalilandia y no descarta alinearse con la posición de la Unión Africana, lo que abriría una brecha diplomática entre Europa y Estados Unidos.

Europa se encuentra atrapada: si apoya explícitamente a Israel y Estados Unidos, se enfrenta a una ruptura con la Liga Árabe y con varios países africanos clavea  como Sudáfrica, Nigeria y Argelia. Si se distancia, se arriesga a una crisis con Washington y deja el flanco sur del Mediterráneo sin coordinación de seguridad. La solución europea hasta ahora ha sido una ambigua neutralidad vigilante, que implica condenar el reconocimiento de la republiqueta sin sancionar a Israel, mantener el diálogo con ambas partes y reforzar la misión naval EU NAVFOR en el Mar Rojo. Pero esa ambigüedad se volverá insostenible si un ataque hutí alcanza un buque de bandera europea o si la presencia israelí en Berbera provoca un incidente directo con las fuerzas francesas en Yibuti.

Un tablero de tres continentes en llamas

El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un asunto menor, sino la pieza clave de una estrategia de proyección militar en el flanco más aislado del Eje de la Resistencia. Pero esa estrategia arrastra consecuencias que trascienden el enfrentamiento entre Irán y el agresor sionista-estadounidense; involucra directamente a África, donde se libra ya una guerra de baja intensidad por el control de las costas, y a Europa, cuyas economías y seguridad marítima dependen de la estabilidad del estrecho de Bab el-Mandeb.

La guerra que empezó en los cielos de Irán y en los túneles de Gaza se ha extendido al Cuerno de África y, a través de las rutas marítimas, ha llegado a los puertos del sur de Europa. En ese tablero de tres continentes, ya no hay observadores neutrales. El próximo movimiento podría incendiar una región más amplia, de lo que la mayoría de los, análisis están proyectando.

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