CRECE Y CRECE LA DEUDA EXTERNA
Chavela Villamil
La política económica de este Gobierno de sobre incrementar el Gasto Corriente, equivale a una política económica deficitaria, que cubre deuda adquiriendo nueva deuda (glosar), que deteriora el margen de endeudamiento, incrementa el déficit fiscal y pone en riesgo la solvencia y la sostenibilidad del país.
En los últimos años la macroeconomía global ha sufrido una desaceleración continuada que golpea con más fuerza a los países dependientes del capital extranjero, desde luego nuestro país no es la excepción y nuestro mercado se ha visto muy impactado por esta desaceleración, lo que ha afectado ostensiblemente el Producto Interno Bruto (PIB) y poder adquisitivo per cápita, causando una reducción abrupta de la demanda, que afecta con mayor fuerza las esferas sociales medias y bajas.
En la última década la producción del país se ha venido desacelerando, ocasionado un desbalance entre los pasivos y los activos de la nación, acrecentando el déficit fiscal y obligando a sobregirar los empréstitos, aumentando cada día más el déficit de cuenta corriente.
Sin demeritar los avances en materia económica de este Gobierno, nuestra economía continúa desacelerada y con proyecciones que no superan los márgenes de productividad prepandémica; esto ha llevado a que el Gobierno se vea obligado a incrementar ostensiblemente la Deuda Externa (DE), lo que aumenta el ya abultado déficit fiscal y se acerca peligrosamente a los márgenes rojos de la capacidad de endeudamiento.
Pagar una deuda con otra es riesgoso y deficitario
El Gobierno actual ha logrado algunos avances en términos de regulación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), sin embargo, nuestra economía continúa desacelerada y con proyecciones que no superan los márgenes de productividad prepandémicos; pese a la crisis económica este Gobierno no tiene una política de austeridad y por el contrario continúa sobregirando el Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de Deuda Externa) incrementando la burocracia estatal.
Para solventar los gastos estatales el gobierno ha recurrido a empréstitos, que arriesgan las vigencias futuras o nos somete a megadeudas de más de una década de interés, como la emisión de Títulos de Tesorería (TES), por un valor de 23 billones de pesos, a una tasa promedio de 13,15 por ciento.
Según registros del Ministerio de Hacienda, entre agosto de 2022 y diciembre de 2025, la deuda bruta (sin intereses) del Gobierno se ha incrementado en 388 billones de pesos, lo que equivale a un incremento del endeudamiento del 48,3 por ciento. De acuerdo al último balance del Banco de la República, a corte de diciembre pasado la Deuda Externa cerró en 246.801 millones de dólares, equivalente a 55,8 por ciento del PIB, cifra que representa un aumento de 25.848 millones de dólares frente al mismo mes de 2024, cuando se ubicó en 220.953 millones de dólares.

Limitar el Gasto Corriente decrece el déficit fiscal
El pésimo manejo de la política económica y financiera durante las últimas décadas, basado en el incremento del Gasto Corriente, junto a una política de gasto regresiva en términos de productividad, en que los egresos superan los ingresos, obligando a los sucesivos Gobiernos a incrementar la Cuenta Corriente para sufragar pasivos en vez de disminuir su emisión, no solo incrementa el déficit fiscal -que actualmente supera los 139 billones de pesos-, lo que supera el monto que se puede recaudar por tributación, sino además lleva a que dicho pasivo se extienda a Gobiernos futuros heredándoles deudas que hacen difícil trazar una política pública que dinamice la economía, dejando al país en un inminente riesgo fiscal que en el mediano y largo plazo nos puede llevar a la insolvencia.
Uno de los principales problemas del país es de orden económico, ya que las políticas públicas continúan basando el sistema tributario en lo que se denomina ‘captación por nicho masivo’, que trata de captar dinero del mayor número de personas posibles, que son mayoritariamente clase media y baja, por esto, estas siempre son los más afectados con las Reformas Tributarias; además incrementa el Gasto Corriente y lo solventa a través de empréstitos, sin tener en cuenta que en la última década los egresos superan los ingresos y que estamos en periodo de desaceleración continuada.
Evitar el colapso financiero hace obligatorio y urgente decretar un periodo de austeridad estatal que suprima gastos onerosos e innecesarios y disminuya el Gasto Corriente; además es inaplazable romper la lógica antifinanciera de priorizar y aumentar anualmente el pago de una DE, a la que solo se logra amortizar los intereses, pero no se cubre la deuda de capital; por ende, lo financieramente aceptable sería renegociar el pago y de esta manera aliviar la carga de este sobre el PIB.
La política económica del país debe estar fundada en favorecer a todos los colombianos, aplicando un modelo redistributivo, que tome la sobre producción monetaria del oligopolio y la emplee en inversión social integral redituable, a la par que subsidia capas bajas de la sociedad.
Requerimos nuevos paradigmas que tenga como base el aumento del poder adquisitivo per cápita, el desarrollo integral y el fortalecimiento del sistema productivo nacional y romper la lógica antifinanciera de una Deuda Externa tóxica e impagable, que asfixia el PIB y devalúa nuestra divisa. Y desde luego ampliar una política de austeridad que decrezca el Gasto Corriente.
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[*] La deuda externa de Colombia cerró en US$246.801 millones a diciembre de 2025. Valora Analitik, 9-03-2026.