8M: LUCHAMOS POR LA DIGNIDAD
Damaris Izaguirre
Desde inicios de la civilización, la mujer ha sido discriminada y segregada por su condición de género, ejerciendo contra nosotras violencia estructural que nos aísla política y socialmente; lo que nos ha llevado a luchar para conquistar cada derecho que se nos fue arrebatado por el sistema patriarcal.
El sistema se ha caracterizado por segregar y excluir a las mujeres y esto lo sufren con más fuerza y rigor las mujeres pertenecientes a grupos minoritarios o en condición de empobrecimineto; sin embargo, las mujeres históricamente nos hemos sobrepuesto a la exclusión, y hemos luchado incansablemente por las reivindicaciones sociales y nuestros derechos inherentes a la condición humana, cercenados por una condición de género; además, a través de los tiempos con firmeza nos hemos empoderado en la lucha popular y social, hasta el punto de convertirnos en sujetos políticos determinantes y representativos de las luchas de los pueblos.
La principal violencia que nos aqueja generalmente pasa inadvertida y se ha vuelto paisaje, como lo es la pobreza estructural, a la que son sometidas millones de mujeres en el país, que las hace doblemente víctimas, las expone y las hace más vulnerables. La desigualdad social es un agravante que hace aún más compleja la violencia que ejerce el sistema contra nosotras, el hambre y el desempleo son realidades tangibles que afectan a toda la sociedad, pero recaen con mayor fuerza sobre nosotras, convirtiendo a millones de nosotras en víctimas por partida doble: ser mujeres y además empobrecidas.
Nuestra lucha es mucho más que una revolución feminista por la reivindicación de derechos y la equidad de género, en realidad no se trata de una simple lucha de género, en realidad es una lucha de clases, donde el pilar fundamental son la igualdad y la equidad social y, en este sentido, nuestra lucha jamás puede tener implícito hacer a un lado a los hombres y mucho menos si estos están a favor de derrocar el sistema, por lo tanto no debemos insistir en pro del feminismo, menospreciar o castigar a los hombres -por ser representantes del patriarcado-.
El feminismo no habla de superioridad ni discrimina al otro género, simplemente combate las desigualdades que sufren las mujeres por su condición de género, tal como lo dijo Mary Wollstonecraft, -‘yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas’-, Gloria Steinem, -‘una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres’, y Rosa Luxemburgo –‘por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres’-.
Tenemos un enemigo común, la pobreza y la desigualdad, que no discriminan géneros, pero si atacan con fuerza a la mayoría empobrecida y excluida, mientras un sistema necrófilo permite el acaparamiento del capital, en una minoría muy reducida de la sociedad.
Las mujeres nunca debemos querer o pretender ser iguales a los hombres, como mujeres somos valiosas e indispensables en el desarrollo sociopolítico de la civilización, por lo tanto, nuestra lucha debe ser por la equidad de derechos y de oportunidades no solo nuestros sino de Los Nadie y los excluidos.
Requerimos equidad para por nuestros propios medios lograr avances y reconocimiento, apostar por empleos dignos, estables y seguros; acabar con la brecha salarial y pensional, y la feminización de la pobreza, que se reconozca el trabajo de cuidadoras como algo indispensable para el desarrollo de las sociedades y como tal sea tratado y valorado; además, debemos luchar en colectivo por la transformación integral de la sociedad, la emancipación de los dictámenes del Tío Sam y desde luego deponer el statu quo.