CONTINUA EN SALDO ROJO LA PRODUCCIÓN INTERNA
Chavela Villamil
En Colombia repuntan las ventas y el desempleo ha decrecido gracias a la proliferación del empleo informal; pero, este crecimiento desacelerado son una burbuja especulativa que no dinamiza el Producto Interno Bruto (PIB) e incrementa el déficit de costo de vida.
El modelo económico que rige la economía se basa en la acumulación de capital en un reducido grupo plutocrático, lo que acrecienta la desigualdad y pauperiza la mayoría de la sociedad; aunado a esto, los fenómenos macroeconómicos que han venido desarrollándose durante las últimas décadas y exacerbados por el periodo pandémico y pospandémico, han generado una desaceleración global de la economía, que impacta con mayor fuerza las economías dependientes del capital extranjero; desde luego esto genera una caída abrupta de la demanda que desacelera el mercado, estanca la economía, y desacelera el Producto Interno Bruto (PIB), entre otros.
El cambio en los sistemas de producción y el fortalecimiento de la industrialización conllevó la expansión de la economía y derivó la globalización de los procesos y los mercados, en otras palabras, la economía se desregularizó y empezó a regirse por el libre mercado y el libre comercio, que en teoría económica se denomina Neoliberalismo.
Desde el 2008 las principales economías capitalistas han estado en lo que el economista Michael Roberts ha denominado Gran Depresión, toda vez que se ha desplomado la productividad, la producción y el empleo formal, pero aun así se centra en el lucro monopolista y en la acumulación de capital en un reducido grupo, lo cual genera una brecha de desigualdad social insostenible.
Por qué continuamos desacelerados
La baja productividad y la baja capacidad de compra de los sectores socioeconómicos medios, medio-bajos y bajos, incrementan la deceleración económica existente y hace más difícil la posibilidad de una recuperación económica, por lo tanto, el país está lejos de alcanzar un punto de equilibrio a largo plazo.
El incremento en las ventas que reflejan algunos sectores de la economía, se percibe como un leve aumento del comercio y de las utilidades, pero esto, no se refleja en la recuperación del empleo ni en la formalización del trabajo informal, solo repercute en el repunte de las utilidades de las grandes empresas y las corporaciones.
Nuestras políticas económicas continúan y perpetúan el fracasado dogma neoliberal del Efecto Goteo o Trickle Down Effect (TDE, por sus siglas en inglés), ligando la productividad, el desarrollo y el empleo al favorecimiento fiscal y tributario de las grandes empresas, bajo el supuesto de que estas luego “gotearían la riqueza acumulada hacia las capas bajas de la sociedad”; sin embargo, han pasado tres décadas continuas de su aplicación, y el resultado es el empeoramiento de la desigualdad y la pobreza monetaria y multidimensional en todos los países que han aplicado este dogma, mientras crecen desmesuradamente las utilidades del sector plutocrático minoritario, de los grandes monopolios y capitales.
La descompensación salarial dada por la diferencia entre empleo formal e informal, acrecentarán el déficit de poder adquisitivo per cápita, lo que generará una caída abrupta de la demanda; que junto a la proyección de un menor crecimiento de las remesas y las exportaciones, acrecentarán la moderación del ritmo de crecimiento de la demanda interna, en especial del consumo.
Es indispensable transformar el paradigma económico
La desaceleración económica, la Recesión Técnica declarada por el Banco de la República, la inflación, el incremento constante de la Deuda Externa (DE), entre otros, exige una política de austeridad, que permita mitigar estos fenómenos; es inaplazable un cambio de fondo en el modelo económico, que disminuya los pasivos estatales, fortalezca y desarrolle integralmente la producción nacional y equilibre la balanza comercial, disminuyendo la importación de materias primas y productos con valor agregado.
Uno de los principales problemas de nuestro país es que tenemos una política económica que centra sus esfuerzos en sostener el pago continuado de la DE, que además de ser onerosa es constantemente sobregirada, convirtiéndola en un pasivo incremental, donde los pagos solo amortizan los intereses, pero la deuda de capital continúa intacta.
El Gobierno tiene el deber y el reto de dinamizar la economía, lo que tiene implícito la disminución del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de la DE), un cambio de política económica y la construcción de un nuevo paradigma económico, que se centren en medidas que incrementen el poder adquisitivo per cápita.
Superar el déficit de poder adquisitivo, implica instaurar una política económica fundada en la formalización del empleo y la mejoría de las condiciones salariales, además debe generar una tributación redistributiva, que permita subsidiar capas bajas de la sociedad, por tanto, se requiere un modelo que fomente el desarrollo integral de la producción nacional, y que a su vez disminuya el Gasto Corriente e incremente de manera integral el Gasto Social.