‘ESTADO’ DE CORRUPCIÓN

‘ESTADO’ DE CORRUPCIÓN

Damaris Izaguirre

La corrupción surgió a la par del Estado burgués y nuestro corru-Estado no es la excepción. La corrupción se enquistó en el sistema y es un engranaje más de las 3 ramas del poder, con mayor penetración en el legislativo, que solo funciona con ‘mermelada’ y sobornos.

La corrupción en sus diversos niveles y modalidades lleva siglos enquistada en todas las esferas del poder, sobrevive porque nadie la combate, ya que perseguirla y destruirla es derrocar el sistema político, que está lubricado por la corrupción; si la corrupción desapareciera colapsaría el sistema burgués, ya que la corrupción es instrumental al régimen, y si esta desaparece el statu quo colapsa.

La corrupción se ha forjado a la par del Estado y los Gobiernos, no es un asunto de ‘manzanas podridas’ o de ‘casos aislados’, se trata de algo sistemático y completamente funcional al régimen, a través del cual sostienen su hegemonía y defienden el statu quo; no es fortuito que los refranes populares digan que: ‘político que se respete roba’ o que ‘una cosa es en campaña y otra es gobernando’.

Según Transparencia Internacional en el Índice de Percepción de la Corrupción para 2024, Colombia obtuvo una calificación de 58 puntos sobre 100, que lo ubica en el puesto 77 en el ranking entre 180 países. A nivel interno, según la más reciente encuesta de Gallup, el 87 por ciento de los colombianos considera que la corrupción es el mayor problema del país. El hastío generalizado de la población por cuenta de la corrupción, llevó a que en agosto de 2018, debiera realizarse una Consulta Popular Anticorrupción, que obtuvo 11.670.183 votos a favor, sin alcanzar el umbral para ser vinculante, fijado en 12.140.342 votos.

En un acto demagógico, la gran mayoría de políticos y candidatos a cargos de elección popular se comprometen a sacar adelante iniciativas para combatir la corrupción, las cuales se disipan como humo, porque la corrupción es un engranaje del sistema político y electoral. Cabe recordar que, muchos de los que apoyaron la Consulta Popular Anticorrupción, transcurridos 8 años desde su hundimiento, no han actuado para combatir este flagelo y hoy, en esta campaña electoral se vuelven a rasgas las vestiduras por la corrupción, ¿se les puede creer?, no, porque obran por conveniencia política y por estratagemas de campaña.

La corrupción es una peste que indigna a la gente y la hace completamente incrédula del Gobierno y de los estamentos de justicia, sentir nacional que se ha convertido en uno de los pilares reivindicativos de la lucha popular, y a su vez es una de las principales herramientas de instrumentalización, que utilizan casi todos los políticos en campaña.

Miles de colombianos vieron al proyecto político que se levantó alrededor de Petro, como una alternativa real para extinguir la corrupción y la transición hacia un cambio estructural en el régimen político; sin embargo, aunque el núcleo del Gobierno progresista no es directamente responsable de la corrupción, si tiene como ‘pecado mortal’ rodearse de políticos ligados al viejo régimen y a sus políticas clientelares, al igual que los ‘voltearepas’ que saltan de un partido a otro, arrastrando su propia agenda, de velar por los intereses de los multimillonarios, la trasnacionales y el régimen.

Construir un cambio no es sinónimo de entregar auxilios a los millones de damnificados del viejo régimen o de hacer discursos que ‘conecten con la gente’, eso no es más que demagogia y una descarada ‘venta de humo’; cambiar y transformar estructuralmente el país tiene implícito romper con el régimen y sus representantes, al igual que deponer el statu quo; además requiere que el Gobierno -sin importar su tinte- acabe con la política de derroche y el nepotismo, que se crea o no, ha estado también presente durante el Gobierno del Cambio.

Señor Petro y futuro mandatario nacional, la mayoría de los que votamos en los comicios del 2022, lo hicimos pensando en un cambio estructural, que no es dependiente de un partido, sino de la necesidad y exigencia del pueblo; así que quien asuma la presidencia debe hacerlo con una posición firme y radical en contra de la corrupción y el régimen, que no justifique el derroche y el despilfarro del presupuesto nacional, sino que le ponga un alto definitivo a este flagelo.

No olviden que el cambio empieza por enseñar con el ejemplo y que estamos hartos de cambios a lo Gatopardo: “cambiar algo para que todo siga igual”. Bien lo dijo Gaitán, que ‘el pueblo es superior a sus dirigentes’, y como pueblo que somos debemos luchar unidos por lograr un país donde quedamos todos, no olviden que esto es una lucha de clases.

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