LOS ESPADACHINES DEL TODO VALE
Sergio Torres
En la recta final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, suben el volumen de las falsas propuestas y de los ‘golpes bajos’ entre los candidatos. Con el panorama dejado en las elecciones legislativas, el Todo Vale se dispara a proporciones no vistas.
Decir que en Colombia la corrupción está en todas las ramas, organismos, estamentos, oficinas y cargos del Estado es una ‘verdad de perogrullo’. Tan extendida y entendida que la han normalizado en la sociedad colombiana, tanto que es el único país del mundo donde la corrupción le ganó a una Consulta Popular anti corrupción y luego arrasó con el Partido Verde que lo promovió.
Por ello, la tal lucha contra la corrupción, la esgrimen como bandera, cada vez que hay una campaña electoral. Los niveles de descaro son del tamaño de los procesos y denuncias de los candidatos. Para la muestra bastaría el ‘botón’, del actual candidato de ultra-extrema derecha, denunciado por los propios criminales paramilitares y corruptos estafadores, como DMG, por haberlos estafado a ellos. Es decir, es el candidato de la ultra-extrema corrupción.
A mayor subordinación, mayor desprecio
Después del cambio extremo al adoptar una posición genuflexa frente al imperio de los Estados Unidos, el presidente Petro mutó a ser el ‘nuevo mejor amigo’ del pedófilo genocida Donald Trump. Todo ello bajo el chantaje de las acusaciones por narcotráfico, la inclusión en la lista OFAC y el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Sin embargo, desde los EEUU vuelven a aparecer noticias en los medios corporativos, en los que vinculan a Petro con investigaciones por narcotráfico. Y por más que el presidente pida auxilio a su ‘nuevo mejor amigo’ y la embajada gringa finja desmentir, desde las matrices comunicativas instalan estas narrativas, que claramente buscan incidir en el panorama electoral; de hecho, inmediatamente todas las candidaturas salieron a ‘hacer eco’ a la desinformación.
Las mafias y sus escuderos del Todo Vale
Petro critica estas injurias y calumnias, pero lo curioso es que, es el mismo método que él y su gobierno utilizan, en su retórica contrainsurgente, para negar la existencia del conflicto social, político y armado, y para tratar de deslegitimar al ELN y toda expresión popular que lo critique. Es el calco y copia del modelo goebbeliano (repetir tanto una mentira hasta convertirla en verdad) que, con el extensor de las redes virtuales y las empresas de manipulación, instalan y crean narrativas falsas y conducen opiniones y sentires.
El presidente, al igual que las campañas electorales, inventa discursos falsos y urde mentiras y montajes contra la insurgencia. Enarbolan discursos anticorrupción e intentan reducir el conflicto a peleas por economías ilícitas. Codicia es la palabra que más usan. Mientras esconden que la principal economía ilícita en Colombia es la corrupción estatal, que en una sola semana expone desde militares corruptos que trafican armas y cobran coimas, policías que extorsionan en retenes viales o funcionarios de los ministerios que trafican químicos para los laboratorios de procesamiento de cocaína. Es la reiteración de cómo una economía mafiosa, engendra y sostiene un régimen mafioso, para que este la resguarde.
Olvidan todos que la mentira, la desinformación y la manipulación son, de suyo, actos corruptos. Que existe un hilo comprobable que conecta todo el establecimiento colombiano, que es la corrupción que los cobija a todos ellos por igual. La única forma en que Colombia empiece a superar este mal que lo asfixia es el cambio de modelo económico y político, a partir de un profundo debate sobre lo que tiene que cambiar para que se pueda construir la paz y superar la violencia. Sin esto, todo lo demás son mentiras no buenas intenciones.