LA EROSIÓN DEL ORDEN INTERNACIONAL

LA EROSIÓN DEL ORDEN INTERNACIONAL

Comandante Antonio García

Por décadas, el llamado “orden internacional basado en reglas” fue presentado como el horizonte civilizatorio surgido tras finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, un entramado de instituciones multilaterales, tratados y consensos que prometía sustituir la ‘ley del más fuerte’, por la primacía del derecho.

Ese relato fundacional legitimó la arquitectura de posguerra y sostuvo la expansión del liberalismo económico y político como modelo universal. Sin embargo, las más recientes deliberaciones de la Múnich Security Conference (La Conferencia de Seguridad de Múnich) y del World Economic Forum (2026) (Foro Económico Mundial) evidencian una mutación profunda, el tránsito a un orden gobernado por la supremacía militar, tecnológica y financiera.

Este giro no es meramente discursivo, expresa la constatación de que las reglas venían operando de forma cada vez más selectiva, donde las sanciones económicas funcionan como dispositivos de coerción, comparables a armas de guerra y que la seguridad, entendida en clave estratégica y no humana, se ha convertido en principio ordenador del capitalismo contemporáneo. La economía se militariza y la política exterior se empresarializa, configurando o -mejor dicho- imponiendo un nuevo orden, donde la competencia sistémica sustituye a la cooperación regulada.

Múnich: la seguridad como dogma

La Conferencia de Seguridad de Múnich (2026) se consolidó como un espacio privilegiado de coordinación estratégica de las potencias occidentales. El énfasis reiterado en la “disuasión”, la “competencia entre grandes potencias” y el fortalecimiento de alianzas militares revela un desplazamiento significativo, donde la diplomacia clásica, basada en negociación, es desechada o usada como parte de una estrategia de engaño, mientras se prepara el siguiente golpe militar.

En este escenario, la seguridad deja de ser un medio que garantiza estabilidad, para convertirse en dogma organizador del sistema, ahora la supremacía tecnológica y militar redefine los límites de lo legítimo, donde el derecho internacional se desvanece o queda condicionado por quién tiene la fuerza.

Davos: economía y guerra bajo el mismo paradigma

En paralelo a los debates de seguridad en Europa, el World Economic Forum (2026) ha insistido en que la transición energética, la digitalización y la inteligencia artificial constituyen los pilares del nuevo ciclo de crecimiento global. Sus informes estratégicos subrayan la necesidad de fortalecer cadenas de suministro, asegurar minerales críticos y acelerar la innovación tecnológica, como condiciones para la “resiliencia” del sistema económico mundial.

Sin embargo, estos procesos no pueden analizarse al margen de la geopolítica. La competencia por semiconductores avanzados, tierras raras y control de infraestructuras digitales, forman parte de una disputa sistémica por la primacía tecnológica y productiva. La seguridad económica se ha convertido en seguridad nacional. El lenguaje corporativo de Davos, resiliencia, sostenibilidad, innovación, converge así con el léxico estratégico que domina la Múnich Security Conference, disuasión, amenazas híbridas, competencia estratégica. Ambos foros expresan una misma preocupación: la reconfiguración del poder global, en un contexto donde la multipolaridad se ha tornado altamente conflictiva, y donde tal vez lo «multi» esté interrogado.

De tiempo atrás ha quedado claro que las transiciones hegemónicas históricas combinan expansión financiera y reorganización militar, en ciclos donde la supremacía económica se sostiene en estructuras coercitivas globales. Hoy, la financiarización convive con una re militarización acelerada, evidenciada en el aumento del gasto en defensa y en la integración entre política industrial y estrategia de seguridad. La economía global no se reorganiza al margen de la seguridad, se securitiza.

El discurso hemisférico: América Latina como “zona estratégica”

En este escenario, las intervenciones de Marco Rubio y otros dirigentes estadounidenses reafirman una visión, donde América Latina y el Caribe son concebidos como espacio geopolítico en disputa. Bajo la narrativa de contrarrestar influencias “adversarias” y proteger cadenas de suministro estratégicas, se pretende legitimar, presentándola como renovada, la vieja doctrina de alineamiento hemisférico.

También, de tiempo atrás el capitalismo global contemporáneo opera a través de un aparato transnacional de control y seguridad que articula Estados, corporaciones y complejos militares, más allá de las fronteras formales. La expansión de mecanismos de interoperabilidad militar y cooperación en seguridad regional puede interpretarse dentro de esa lógica estructural, una doctrina ya implantada.

La reciente convocatoria de jefaturas militares (2026) de más de treinta países del hemisferio por parte de Estados Unidos sugiere un intento de institucionalizar estándares comunes de doctrina, entrenamiento y equipamiento que recuerdan, en su racionalidad estratégica, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), quizá adopte algún nombre sugestivo.

La actualización «doctrinaria», es más peligrosa, pues no se queda en los riesgos militares, pues la definición ampliada de “amenazas” incorpora conflictos sociales, disputas por recursos naturales o proyectos políticos soberanos que cuestionan la arquitectura económica dominante.

Del consenso a la coerción

Hasta ahora, toda hegemonía combina consenso y coerción. Tras la Guerra Fría, el orden liberal se sostuvo en la promesa de integración económica bajo reglas comunes; hoy, ante la fragmentación del sistema y el ascenso de nuevas potencias, la coerción gana centralidad.

Las crisis del orden mundial se evidencian cuando se agotan sus mecanismos de legitimación, así acontece hoy con la proliferación de guerras regionales, sanciones y disputas tecnológicas; donde la transición se intenta realizar priorizando el poder duro, por no decir solamente militar.

En este contexto, para el Sur Global implica mayor saqueo, más dependencia financiera y tecnológica, donde la aplicación de reglas internacionales es cada día más difusa o inexistente.

Barbarie contemporánea y desafíos del Sur

La barbarie actual no se expresa como colapso total, sino como normalización de la guerra permanente, conflictos prolongados, bloqueos, sanciones y operaciones híbridas, que convierten la paz en condición frágil y totalmente subordinada a la correlación de fuerzas.

Como podemos ver, la transición en curso puede derivar en una multipolaridad conflictiva, pero también abre márgenes para redefinir reglas desde perspectivas no subordinadas. En ese sentido, tanto el World Economic Forum como la Múnich Security Conference expresan un intento de reorganizar la hegemonía en un mundo, donde el consenso no importa si no se acompaña de la fuerza.

Desde el Sur, comprender este desplazamiento es un imperativo estratégico, pues cuando la fuerza redefine la norma, la soberanía y la autodeterminación se convierten en condiciones de supervivencia.

ADENDA 1: Es totalmente cierto el cese el fuego unilateral del ELN en esta jornada electoral y sigue hasta mañana 10 de marzo a las 00:00 horas. La verdad se impone y los mentirosos quedan como lo que son, para que lo recordemos todos.

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