LA DIPLOMACIA DE RODILLAS
Himelda Ascanio
La semana inició entre las maromas y tranzas electoreras, propias de un corrompido sistema político colombiano, y la visita del presidente Gustavo Petro a Donald Trump, viaje este que tiene tanto de diplomacia como de chantaje, tanto de relacionamiento internacional como de servilismo neocolonial.
No en vano, hasta antes de la marcha del 7 de enero, los calificativos hacia el presidente colombiano no se bajaban de narcotraficante y de ser “el siguiente”, en referencia amenazante a la agresión y secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El miedo parece haber generado sus efectos.
Después de la famosa llamada telefónica, todo cambió. Incluso Petro reconoció que tuvo que cambiar el discurso que tenía preparado para cerrar aquella marcha del 7 de enero, convocada en principio “en defensa de la soberanía nacional”. De esa charla surgió la visita del pasado martes 3 de febrero. Los comentarios burlones de Trump en las previas de dicho encuentro ya dejaban ver de qué se trataría: la continuidad del chantaje y la injerencia imperialista, de quien se cree “rey del hemisferio”.
Con el cuento del narcotráfico han agredido y amenazado a toda América Latina; es ya una verdad de perogrullo, que lo que buscan es adueñarse de los recursos acuíferos y minerales. La oligarquía colombiana ha sido históricamente sumisa y vendepatria. Las estructuras del viejo régimen no han cambiado; las directrices, instalaciones, personal y operatividad del imperio en Colombia, han continuado iguales durante el actual gobierno. Aunque el decadente mandatario estadounidense esté ávido de sangre y recursos, antes de su caída.
Entonces no se podía esperar más que la continuidad del injerencismo y la sumisión, ahora endulzados con la idea de una diplomacia falsa, bajo chantaje y con amenaza directa e interna. Los anuncios de cooperaciones y relaciones amigables, no son más que la ratificación de la imposición de directrices, continuidad del narcotráfico, robo de recursos y el servilismo militar.
Tal vez, lo tristemente sorprendente, es que después de dicha reunión el presidente Petro salga a celebrar, ufanarse y exaltar dicho encuentro; cual Milei en Argentina, adorando fotos, autógrafos y premios (gorra MAGA y libro sobre Trump). El parecido es sinceramente lastimero y vergonzoso.
Una muy mala noticia para la búsqueda de la paz y la superación política del conflicto. Por ello hemos dicho que cuando los Estados son incapaces de defender la soberanía, le corresponde hacerlo al pueblo. Y esto es con todas las herramientas que posee. Con una organización popular consciente, politizada y dispuesta a asumir la construcción de su poder, como decía el comandante Camilo Torres.
Asesinado de la semana
Edna Katherine Real Bastidas, era una reconocida líder social, sindical y comunitaria, integrante de la Asociación de Trabajadores de la Educación del departamento (AICA). Se destacaba por su trabajo en la atención integral a la primera infancia en el corregimiento de Santana Ramos, municipio de Puerto Rico, así como por su labor social en la región fronteriza entre los departamentos de Huila y Caquetá. El 2 de febrero, fue atacada junto a su esposo, Didier Cardozo, firmante del Acuerdo de Paz, cuando se movilizaban por la vereda Las Morras, en el municipio de Algeciras. La pareja fue interceptada por hombres armados que les dispararon, causando la muerte de Edna Katherine en el lugar de los hechos y dejando gravemente herido a su esposo.
Diomedes Mejía Navarro, era un reconocido líder social y reclamante de tierras, integrante del movimiento Fuerza Ciudadana, comprometido con procesos de legalización de tierras en el municipio de San Sebastián de Buenavista, Magdalena. Fue asesinado el 3 de febrero, en el sector conocido como “San Puma”, donde Diomedes habría sido citado bajo engaños para ser asesinado.
Nancy Yaneth Valderrama Pinzón, era una reconocida líder social y presidenta de la Junta de Acción Comunal del asentamiento Centenario, en la comuna 7 del municipio de Barrancabermeja, Santander. Fue asesinada el 5 de febrero, en el asentamiento Centenario, lugar donde residía, cuando hombres armados ingresaron hasta su vivienda y realizaron disparos de manera indiscriminada contra Nancy y su hijo, Kevin Valderrama, causándoles la muerte en el lugar.