EL MODELO MELLA LA PRODUCTIVIDAD DEL MERCADO INTERNO
Chavela Villamil
Nuestra economía ha venido repuntando sus ventas y el desempleo ha decrecido gracias a la proliferación del empleo informal; pero, este crecimiento desacelerado afecta el Producto Interno Bruto (PIB), e incrementa el déficit de costo de vida y pauperiza las esferas sociales más bajas.
El modelo económico global tiene implícito la acumulación de capital en un reducido grupo plutocrático, esto incrementa la brecha de desigualdad y amplía el margen de desigualdad entre países desarrollados y en vía de desarrollo, por ende, las políticas económicas no están encaminadas a la fluctuación económica positiva de los Estados, sino a la mayor generación de riqueza y de utilidades de los oligopolios.
El cambio en los sistemas de producción y el fortalecimiento de la industrialización conllevó la expansión de la economía y derivó la globalización de los procesos y los mercados, en otras palabras, la economía se desregularizó y empezó a regirse por el libre mercado y el libre comercio, que en teoría económica se denomina Neoliberalismo.
Desde el 2008 las principales economías capitalistas han estado en lo que el economista Michael Roberts ha denominado Gran Depresión, toda vez que se ha desplomado la productividad, la producción y el empleo formal, pero aun así se centra en el lucro monopolista y en la acumulación de capital en un reducido grupo, lo cual genera una brecha de desigualdad social insostenible.
Por qué continuamos desacelerados
La baja productividad y la baja capacidad de compra de los sectores socioeconómicos medios, medio-bajos y bajos, incrementan la deceleración económica existente y hace más difícil la posibilidad de una recuperación económica, por lo tanto, el país está lejos de alcanzar un punto de equilibrio a largo plazo.
El incremento en las ventas que reflejan algunos sectores de la economía, se percibe como un leve aumento del comercio y de las utilidades, pero esto, no se refleja en aspectos como la recuperación del empleo ni la formalización del trabajo informal, solo repercute en el repunte de las utilidades de las grandes empresas y las corporaciones.
Nuestras políticas económicas continúan y perpetúan la fracasada teoría neoliberal del Efecto Goteo o Trickle Down Effect (TDE, por sus siglas en inglés), ligando la productividad, el desarrollo y el empleo al favorecimiento fiscal y tributario de las grandes empresas, bajo el supuesto de que estas luego gotearan la riqueza acumulada hacia las capas bajas de la sociedad; sin embargo, han pasado tres décadas continuas de su aplicación, y el resultado es el empeoramiento de la desigualdad y la pobreza monetaria y multidimensional, mientras crecen desmesuradamente las utilidades del sector plutocrático minoritario, de los grandes monopolios y capitales.
El Informe de Política Monetaria (IPM) de enero del Banco de la República (BR) contempla un menor crecimiento de la economía y un aumento en la inflación para el 2026, que contrasta con las cifras optimistas que han esgrimido desde el Ejecutivo; según el IPM, el crecimiento proyectado para la actividad económica en 2026 es del 2,6 por ciento, por su parte, la inflación aumentará al 6,3 por ciento [*].
Este año la economía continuaría creciendo, pero a un ritmo algo menor. El consumo continuaría dinámico impulsado por un persistente déficit fiscal, un alto flujo de remesas, el buen momento del turismo extranjero, los precios aún altos del café y, en el corto plazo, por un aumento de los salarios reales.
Según el IPM el alto nivel de la inflación en 2025 obedece a que la economía interna fue moderadamente fuerte, creció por encima de su capacidad productiva, ajustes en precios que usaron como guía la inflación de 2024, que fue superior a la meta del 3 por ciento, y que generarán un repunte de la inflación este año.
En 2026, la descompensación salarial dada por la diferencia entre empleo formal e informal, acrecentarán el déficit de poder adquisitivo per cápita, lo que generará una caída abrupta de la demanda, además la proyección de un menor crecimiento de las remesas y las exportaciones, acrecentarán la moderación del ritmo de crecimiento de la demanda interna, en especial del consumo.
Debemos transformar el paradigma económico
La desaceleración económica, la Recesión Técnica declarada por el Banco de la República, la inflación, el incremento constante de la Deuda Externa (DE), entre otros, exige una política de austeridad, que permita mitigar estos fenómenos; es inaplazable un cambio de fondo en el modelo económico, que disminuya los pasivos estatales, fortalezca y desarrolle integralmente la producción nacional y equilibre la balanza comercial, disminuyendo la importación de materias primas y productos con valor agregado.
Uno de los principales problemas de nuestro país es que tenemos una política económica que centra sus esfuerzos en sostener el pago continuado de la DE, que además de ser onerosa es constantemente sobregirada, convirtiéndola en un pasivo incremental, donde los pagos solo amortizan los intereses, pero la deuda de capital continúa intacta.
El Gobierno tiene el deber y el reto de dinamizar la economía, lo que tiene implícito la disminución del Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de intereses de la DE), y en si mismo, un cambio de política económica y la construcción de un nuevo paradigma económico, que se centren en medidas que incrementen el poder adquisitivo per cápita, que solo es posible en la medida en que opere una política de formalización y estabilidad laboral, que permita a las capas sociales medias y bajas sufragar sus gastos básicos.
Superar la actual crisis económica y el déficit de poder adquisitivo, implica instaurar una política económica fundada en la formalización del empleo y la mejoría de las condiciones salariales, además debe generar una tributación redistributiva, que permita subsidiar capas bajas de la sociedad, el sistema actual no genera ni inclusión social ni sostenibilidad ni mucho menos crecimiento y productividad, por tanto, se requiere un modelo que fomente el desarrollo integral de la producción nacional, y que a su vez disminuya el Gasto Corriente e incremente de manera integral el Gasto Social.
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[*] El Banco de la República de Colombia proyecta un menor crecimiento y una mayor inflación para 2026. Valora Analitik, 04-02-2026.