EL ASEDIO AL ÁRTICO: UN ULTIMÁTUM GEOPOLÍTICO
Anaís Serrano
El sistema internacional de derecho, ya en estado de coma inducido, enfrenta su prueba más feroz, no en el Sur Global, sino en el corazón mismo del Atlántico Norte, en una isla de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, administrada por Dinamarca, llamada Groenlandia.
En un escenario de fuertes tensiones, la administración de un Donald Trump fortalecido, no se limita a expresar el interés mercantil por Groenlandia, como lo manifestó en 2019; despliega ahora una campaña de coerción contra Europa, amenazando con represalias económicas devastadoras y, en un giro inédito, insinuando la posibilidad de acciones militares unilaterales contra sus socios.
Este ya no es un simple posteo en redes sociales, sino una estrategia deliberada para apoderarse del territorio autónomo, «por las buenas o por las malas». Este escenario deja al descubierto la profundidad de la crisis del orden liberal y la manifiesta muestra de un imperialismo desinhibido.
El colapso del orden: Cuando el derecho cede ante la fuerza bruta
La arquitectura legal internacional estaba diseñada, precisamente para evitar que se violentaran de forma unilateral las soberanías de las naciones, bajo la tutela de un instrumento rector multilateral, la ONU. Ese diseño supuso el consenso básico entre los poderosos, pero la estrategia trumpista supone un rechazo radical a ese acuerdo. Al amenazar al Sur Global y a sus aliados de la OTAN, como Dinamarca y la Unión Europea, no solo sigue ignorando el derecho, sino que lo pisotea activamente.
La amenaza de imponer o aumentar aranceles, de desatar una guerra comercial en el sector agrícola, o de congelar la cooperación en inteligencia, también son municiones económicas destinadas a doblegar la voluntad política europea.
La OTAN, “pilar de seguridad colectiva” del mundo occidental, se convierte en el campo de batalla más paradójico. Estados Unidos, su miembro hegemónico, amenaza con retirar su paraguas nuclear, bloquear el acceso a sistemas de defensa claves, o simplemente abandonar la alianza, a menos que Dinamarca (y Europa en su conjunto) «negocie» la cesión de Groenlandia. La Corte Internacional de Justicia, la Carta de la ONU y el principio de auto determinación (reconocido para el pueblo groenlandés) se convierten en papel mojado ante la amenaza de la fuerza económica y militar. La crisis no es de erosión, sino de demolición controlada.
Imperialismo del Siglo 21: La Coerción como Herramienta de Conquista
Las pretensiones imperiales ya no requieren discursos velados de democracia, derechos humanos, acusaciones de narcotráfico o terrorismo. Ahora se expresan en el crudo lenguaje de sanciones, deuda estratégica y ultimátums militares.
El ataque impune a Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su compañera, desataron el flojo nudo que aun, en apariencia, sostenía al sistema internacional, las acciones del administrador del imperio han demostrado que, ya no se requiere de justificaciones para intentar obtener lo que requiere, para sostener la profunda crisis en la que se encuentra el sistema que representa.
En medio de coerción económica, guerra híbrida y desestabilización, aislamiento y chantaje diplomático, y una constante amenaza militar; se demuestra la esencia del nuevo imperialismo: no busca solo administrar colonias día a día, sino controlar los recursos y la posición geoestratégica absoluta, utilizando la vulnerabilidad económica y militar del adversario, para forzar una capitulación «voluntaria».
Venezuela tiene el petróleo que Estados Unidos requiere en medio de su crisis interna, el ataque directo busca obligar a las negociaciones en beneficio de los intereses de las grandes corporaciones y del propio Trump.
Groenlandia, con su hielo derritiéndose y revelando riquezas, se convierte en el botín perfecto para esta lógica depredadora.
Groenlandia: El Pueblo entre el Hielo y la Fuerza
En este escenario, el pueblo groenlandés deja de ser un actor político, para convertirse en un juguete en disputa. Su derecho a decidir su futuro, consagrado en su estatuto de autonomía, es directamente anulado por una negociación a punta de pistola, entre Washington y Copenhague.
Dinamarca enfrenta un dilema existencial: defender la integridad nacional y los derechos de los groenlandeses, arriesgando una devastación económica y una confrontación impensable con su aliado histórico, o ceder a la extorsión, traicionando sus principios y legando una mancha histórica. Ese mismo dilema lo tiene la decadente Unión Europea y el Reino Unido, mientras intentan defender la poca dignidad que les queda, van cediendo ante los insultos y la prepotencia de un envalentonado Trump.
Davos y el ‘Mata Siete’
Tras una intervención de 72 minutos frente a grandes empresarios, corporaciones y jefes de Estado, Donald Trump demostró cual será la política, en la que debe moverse el mundo. Trump es la nueva ONU y bajo su mandato deben moverse las economías.
Bajo el nombre pomposo de “Junta de la Paz”, Trump se propone amoldar a su antojo un esquema, que remplace a la institucionalidad de la ONU. Con inversión de gobiernos invitados y fondos manejados por él a perpetuidad, propone pacificar el mundo y reconstruir los escenarios de guerra, así como lo plantea en Gaza devastada, inversionistas para el “Resort” que ha prometido.
En ese mismo discurso asegura, que tiene el control del petróleo y demás recursos de Venezuela, que él “administra”. Sobre el viejo continente, se jacta de decir que le debe su existencia a Estados Unidos, al ganar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) -haciendo una temeraria reescritura de la historia-, pero que ha desviado la ruta, y gracias a su dirección va a retomar el “buen camino”.
Su discurso principal estuvo centrado en Groenlandia, demostrando su intención en hacerse de ese territorio. El foro de Davos se convirtió, de esta forma, en una tribuna imperial.
El último golpe
Mientras el mundo aun hablaba de la prepotencia de Trump en Suiza y el foro de Davos aún estaba en curso, la Casa Blanca sorprendió con un nuevo golpe de imposición política, al publicar la “Estrategia de Defensa Nacional 2026”, en la que define cuáles serán sus prioridades geopolíticas.
Para Nuestra América prioriza sus intereses prometiendo “exigir” que se defiendan los intereses comunes, léase los intereses del corolario Trump “American First” [EEUU primero que todo], o nuestros países se enfrentaran a lo que llama medidas decisivas, para las cuales amenaza con tener unas Fuerzas Armadas preparadas para aplicarlas con rapidez, potencia y precisión.
Le instruye a Europa, como buen patrón, asumir su propia defensa. Los aliados de la OTAN serán capacitados, para que asuman la responsabilidad de la defensa de acuerdo a sus dictámenes. Con su apoyo, dice, la OTAN será más fuerte que la persistente amenaza rusa.
Para el Pentágono, China es un peligro latente, con el que aún espera negociar, asumiendo que es el segundo país más poderoso. Su atención se centrará en disuadir a China en el Indopacífico mediante la fuerza, pero evitando la confrontación. En cambio, la República Popular Democrática de Corea es vista como un enemigo, para sus dos principales gobiernos sumisos de la región, Corea y Japón, y una amenaza directa contra el territorio estadounidense.
En Asia Occidental se propone dar un apoyo decisivo al ente sionista, fortaleciendo sus defensas para atacar a Irán y al Eje de la Resistencia.
El centro de conquista inmediato se centra en los territorios estratégicos de Groenlandia, el Canal de Panamá y el Ártico. Da por sentado en el documento, que se le garantizará a Estados Unidos el acceso militar a esos territorios claves para los intereses de Washington. El Ártico se visualiza como la disputa geopolítica del momento. La excusa de la militarización de Groenlandia, es el acceso de Rusia y China a la movilización y recursos de ese gran territorio, que rodea el Polo Norte.
Develar a profundidad la lectura de los discursos, las acciones y las apuestas que genera el presidente estadounidense, se convierte en una necesidad de supervivencia de la humanidad. Reconocer en esas lecturas las próximas acciones del imperio, permite preparar a los pueblos para las contingencias que obliga la resistencia.
El deshielo de Groenlandia revela más que minerales, muestra el carácter de los pueblos. El Ártico es más que la última frontera de recursos, hoy se convierte en una importante línea de batalla de la actual disputa geopolítica.