LO PEOR: LA DEUDA EXTERNA SIN TECHO
Chavela Villamil
La política económica adoptada por este Gobierno se enfoca en sobre incrementar el Gasto Corriente para solventar los pasivos contraídos, para cubrirlos acuden a cuantiosos nuevos préstamos, ocasionando un déficit de cuenta corriente, que amenaza la solvencia y la sostenibilidad de la nación.
En los últimos años la macroeconomía global ha sufrido una desaceleración continuada que golpea con más fuerza los países dependientes del capital extranjero, desde luego nuestro país no es la excepción y nuestro mercado se ha visto muy impactado por esta desaceleración, lo que ha afectado ostensiblemente el Producto Interno Bruto (PIB) y el poder adquisitivo per cápita, causando una caída brusca de la demanda, que afecta con mayor fuerza las esferas sociales medias y bajas.
Sobre endeudarse es nocivo
El Gobierno actual ha logrado algunos avances en términos de regulación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), sin embargo, nuestra economía continúa desacelerada y con proyecciones, que no superan los márgenes de productividad prepandémicos, aun así este Gobierno se niega a decrecer el Gasto Corriente (burocracia, guerra, pago de Deuda Externa), por el contrario lo incrementa -en buena parte para sostener burocracia estatal-, esto ha llevado a que para solventar los gastos estatales deba recurrir a empréstitos, que arriesgan la vigencias futuras o nos somete megadeudas de más de una década de interés, como es el caso reciente de la venta de los Títulos de Tesorería (TES), por un valor de 23 billones de pesos, a una tasa promedio de 13,15 por ciento y con un vencimiento entre 2029 y 2040.
La deficitaria política económica aplicada hasta el momento nos ha llevado una Deuda Externa (DE) onerosa y con un alto margen de interés, que lleva a líneas rojas los márgenes históricos de este pasivo.
Recientemente el Banco de la República (BR) publicó las cifras de la DE a corte de octubre de 2025 y actualizó los datos de los meses anteriores, tras la inclusión de nuevos detalles como las operaciones de TES; de acuerdo al nuevo boletín la DE llegó a 239.154 millones de dólares, equivalente al 54,90 por ciento del PIB, cifra que respecto al mismo periodo del año anterior aumentó 9,23 por ciento, un incremento absoluto de 20.216 millones de dólares.
Limitar el Gasto Corriente decrece el déficit fiscal
El pésimo manejo de la política económica y financiera durante las últimas décadas, basado en el incremento del Gasto Corriente, junto a una política de gasto regresiva en términos de productividad, en que los egresos superan los ingresos, obligando a los sucesivos Gobiernos a incrementar la Deuda Externa, para sufragar pasivos en vez de disminuir su emisión, no solo incrementa el déficit fiscal -que actualmente supera los 139 billones de pesos-, lo que supera el monto que se puede recaudar por tributación, sino además lleva a que dicho pasivo se extienda a Gobiernos futuros, heredándoles deudas que hacen difícil trazar una política pública que dinamice la economía, dejando al país en un inminente riesgo fiscal, que en el mediano y largo plazo nos puede llevar a la insolvencia.
Uno de los principales problemas del país es de orden económico, ya que las políticas públicas continúan basando el sistema tributario en lo que se denomina ‘captación por nicho masivo’, es decir, trata de captar dinero del mayor número de personas posibles, que son mayoritariamente clase media y baja, por esto, estas siempre son los más afectados con las Reformas Tributarias; además incrementa el Gasto Corriente y lo solventa a través de empréstitos, sin tener en cuenta que en la última década los egresos superan los ingresos y que estamos en periodo de desaceleración continuada.
Evitar el colapso financiero hace obligatorio y urgente decretar un periodo de austeridad estatal que suprima gastos onerosos e innecesarios y disminuya el Gasto Corriente; además es inaplazable romper la lógica antifinanciera de priorizar y aumentar anualmente el pago de una DE, a la que solo se logra amortizar los intereses, pero no se cubre la deuda de capital; por ende, lo financieramente aceptable sería renegociar el pago y de esta manera aliviar la carga de este sobre el PIB.
La política económica del país debe estar fundada en favorecer a todos los colombianos, aplicando un modelo redistributivo, que tome la sobre producción monetaria del oligopolio y la emplee en inversión social integral redituable, a la par que subsidia capas bajas de la sociedad; esto implica nuevos paradigmas que tenga como base el aumento del poder adquisitivo per cápita, el desarrollo integral y el fortalecimiento del sistema productivo nacional y romper la lógica antifinanciera de una Deuda Externa tóxica e impagable, que asfixia el PIB y devalúa nuestra divisa. Y desde luego ampliar una política de austeridad que decrezca el Gasto Corriente.