LA PAZ, EL INTERVENCIONISMO, LA CORRUPCIÓN Y LA GUERRA

LA PAZ, EL INTERVENCIONISMO, LA CORRUPCIÓN Y LA GUERRA

Sergio Torres

Durante los últimos años, la humanidad ha presenciado en directo crímenes de guerra y todo tipo de violaciones a los derechos de los pueblos. El derecho internacional, las instituciones y reglas construidas por los propios Estados se han convertido en letra muerta inservible. Se han transmitido un genocidio y las canalladas de un imperio decadente.

La lógica imperial y neocolonial parece impulsar al mundo hacia la guerra; la inutilidad de los mecanismos internacionales da cuenta de miradas belicistas y absolutamente autoritarias. La voracidad descarada con que el imperio de los Estados Unidos intenta prolongar su fase terminal, ha logrado generar un despreciable clima de tensiones.

Mientras las diplomacias internacionales se han dedicado a hacer pronunciamientos y rechazos en nombre de un derecho internacional que hace rato fue mancillado. Los poderosos estados del Norte global intentan solventar sus crisis sometiendo al mundo a sus designios. El discurso anacrónico y derrotado del colonialismo, la fuerza y el saqueo vuelve a posarse sobre los países del llamado Sur global.

Ante este panorama, han surgido procesos soberanos que resisten y tratan de construir su autodeterminación; la mayoría de ellos hoy son asediados por las acciones intervencionistas y las amenazas imperiales. La agresión a Venezuela y la ridícula autoproclamación del presidente de EEUU como su nuevo gobernante, confirman que los pueblos hoy enfrentamos una amenaza que debe unificarnos.

La paz y los pueblos

Hoy nuevamente debemos poner al centro de nuestros procesos los conceptos de soberanía y autodeterminación, mezclados con un principio de actuación unitaria. Así como vuelven a recobrar mucha validez las frases de Bolívar y el Che contra el imperialismo. Cobran plena validez las enseñanzas unitarias y aterrizadas al contexto de Martí, Mariátegui y Camilo Torres, unidad como pueblo para enfrentar al enemigo.

Los pueblos merecemos una vida en paz con vida digna y bienestar para todos y todas; esa paz se construye con la participación real y efectiva del pueblo; ahí está su capacidad de determinarse y gobernarse. A partir de ahí, resolver sus conflictos y designios.

Por ello, la paz no puede ser un vehículo que se utiliza para fines particulares o se manipula para maquillar la aceptación de las órdenes imperiales. La falsedad con la que algunos gobiernos utilizan discursos sobre soberanía, paz y cambio, mientras desarrollan e implementan doctrinas militares, modelos políticos y económicos que sostienen la corrupción y la sumisión, bien puede considerarse como una traición al pueblo. Más aún, si ese gobierno se asumió como del pueblo.

La Paz nunca fracasa; las amenazas imperiales y las traiciones de gobiernos no pueden sepultar su búsqueda. Las agresiones y artimañas internas y externas a los pueblos soberanos no logran acabar con su construcción. Pero queda claro, cada vez más, que es desde las comunidades, pueblos y expresiones sociales que depende este objetivo histórico.

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