POR QUÉ PERSISTE LA DESACELERACIÓN

POR QUÉ PERSISTE LA DESACELERACIÓN

Chavela Villamil

Las medidas adoptadas por el Gobierno han estabilizado la inflación, pero sigue sin resolver el creciente déficit fiscal, ya que, al centrarse en el incremento de los empréstitos y el sostenimiento del oneroso Gasto Corriente, han aumentado la crisis económica y la desaceleración del mercado.

La aplicación continua de un modelo económico de libre mercado, que monopoliza la riqueza en un reducido grupo plutocrático, incrementa la desigualdad y la pobreza (monetaria y multidimensional), además de desacelerar el mercado global; que incrementa el déficit de poder adquisitivo, impactando negativamente el mercado interno, desacelerándolo y acercándonos a una recesión profunda.

El Gobierno en el Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2026, del total de 522,9 billones de pesos, destinó 327,9 billones (62,71 por ciento) al Gasto Corriente [burocracia, guerra, pago de Deuda Externa], a la par que reduce el monto destinado para inversión en 17,43 por ciento, lo que limita la atención de la Deuda Social y, por si fuera poco la derogación de la Regla Fiscal durante 3 años, por defecto aumenta el ya oneroso Gasto Corriente, lo que lleva a limites rojos el creciente déficit fiscal.

Es nefasto incrementar el monto destinado a los intereses de la deuda Externa en 19,5 por ciento, porque este dinero no cubre la deuda de capital, sino que solamente amortiza los intereses. Continuar incrementando los empréstitos sin modificar la política de gasto, arriesga las vigencias futuras y nos pone al borde de la insolvencia, mucho más si se tiene en cuenta que, en estos momentos sufrimos una economía desacelerada y un Producto Interno Bruto (PIB) decreciente.

Decrecer el Gasto Corriente para paliar la crisis

Cualquier política económica es inocua sino rompe la lógica anti financiera de incrementar al Gasto Corriente y el pago a pérdidas de la Deuda Externa.

Financieramente Colombia es un país con potencial, sostenible y sustentable; sin embargo, las políticas económicas implantadas durante varias décadas han generado un sistema, que no busca el incremento del poder adquisitivo per cápita, sino que aplica oleadas sucesivas de rebajas tributarias a las grandes empresas, bajo el sofisma de que esto generaría nuevas plazas laborales, pero el resultado final lo contradice, ya que el empleo formal cada vez se reduce más y el bajo aumento del empleo obedece al incremento del empleo informal, que aunque produce masa monetaria, genera una economía volátil susceptible a la inflación y a la recesión económica por caída brutal de la demanda.

Uno de los principales problemas a corregir es el desempleo y ligado a ello la política para el fomento del desarrollo económico, la cual está fundada en el fracasado dogma capitalista neoliberal del Efecto de Goteo o Trickle Down Effect (TDE, por sus siglas en inglés), donde la productividad y el desarrollo se sustentan en la reducción de la tributación de las grandes empresas, para que “la riqueza de los ricos crezca y gotee hacia las capas medias y bajas de la sociedad”; lo cual nunca ocurrió, porque crecieron extremamente la desigualdad social y la concentración de la riqueza.

El Gobierno justifica las exenciones de impuestos a los ricos, porque estos supuestamente financian más inversión, más crecimiento y nuevos empleos, esto no es más que una falacia, toda vez que las condiciones que determinan la inversión son la rentabilidad esperada, el crecimiento de la demanda agregada, las innovaciones tecnológicas y, en nuestro caso, un auge sostenido en el valor de nuestras exportaciones.

Solo queda cambiar el paradigma económico

La estabilidad y dinamización de una economía no está inferida únicamente por la ocupación laboral, sino que en sí misma está determinada por la capacidad de poder adquisitivo per cápita y si esta cae, el mercado interno cae en una precipitación de la demanda que desacelera la misma; por ende, es un riesgo financiero sostener la productividad con base en una economía informal, aunque esta garantiza fluctuación de masa monetaria, no permite generación sostenida y progresiva de poder adquisitivo per cápita, además de pauperizar las condiciones laborales.

La reactivación y la solidez de la economía se consigue aumentando el flujo de capital circulante y la creación de nuevas plazas laborales, además es necesaria una tributación redistributiva y diferencial acorde al capital neto, esto dinamiza el poder adquisitivo per cápita aumentando la demanda, lo cual se traduce en reducción del desempleo y aumento de la capacidad de producción de las empresas.

Superar la actual crisis económica y el déficit de poder adquisitivo, implica instaurar una política económica fundada en la formalización del empleo y la mejoría de las condiciones salariales, además debe generar una tributación redistributiva que permita subsidiar capas bajas de la sociedad, por tanto, se requiere nuevos paradigmas económicos que fomenten el desarrollo integral de la producción nacional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *