QUEREMOS SOBERANÍA Y NADA MÁS…
Damaris Izaguirre
Aunque en las calles se grite: ‘¡no somos colonia norteamericana!’, la sumisión de nuestro país a los intereses imperiales del Tío Sam es manifiesta. Este Gobierno, aunque vocifera contra el imperio, desarrolla políticas que muestran una sumisión igual o mayor a la de gobiernos anteriores.
Los más creyentes en el Gobierno del cambio, plantearan que este Gobierno es autónomo y crítico del Tío Sam, basándose en lo ‘discursos veinte julieros’ de Petro, al igual que sus posts incendiarios; sin embargo, sus discursos demagógicos contrastan con los hechos y sus acciones políticas, ya que, desde el inicio del mandato hasta la fecha, este Gobierno ha demostrado, que esta plegado a las disposiciones y órdenes del Tío Sam, y es totalmente instrumental a los intereses del imperio norteamericano.
Hagamos una pequeña intención de motivos. Nuestro país está lleno de Bases Militares de Estados Unidos, recientemente Petro entregó la isla Gorgona a la Marina de Guerra gringa, El Tío Sam bajo el gobierno de Petro sigue sosteniendo una Brigada de asesoría militar (SFAB), que es la que determina cómo desarrollar las operaciones de las Fuerzas Armadas estatales.
Por si fuera poco, nos siguen aplicando la Doctrina de Seguridad Nacional impuesta por el Tío Sam y sostenida por este Gobierno, Doctrina que es la responsable de la persecución y ejecución sumaria, de la que es víctima el movimiento social y popular; de igual forma, sostenemos la fracasada política antidrogas de EEUU, e incluso este Gobierno del cambio presionó para este año, reactivar la fumigación con glifosato, para cumplir las exigencias del Tío Sam. En materia económica la sumisión al imperio gringo también es total, ya que este Gobierno sostiene la misma esclavitud de pagos y endeudamientos al FMI y BM, que da margen a que sean estos estamentos vasallos de EEUU, los que decidan e impongan nuestra política económica.
Los hechos van dejando claro que el Gobierno del Cambio no ha estado dispuesto a instaurar reformas estructurales o una ruptura radical con el régimen, ni mucho menos emanciparse de las órdenes del Tío Sam, que signifique entregarle a Los Nadie los cambios que le han sido negados por décadas. Es más que evidente que nuestro país no es libre y mucho menos democrático, y que este ni ningún Gobierno que defienda la “democracia” burguesa y que se alinee con los imperios y el régimen, podrá construir una nación soberana y autónoma.
El cambio no puede ser retórico, debe ser tangible y estructural, y como ello significa ir en contra de las disposiciones del Tío Sam, este, por incipiente que sea, no vendrá de manos ni de este ni de ningún Gobierno, que este subordinado al Tío Sam; por lo tanto, es vigente la consigna de que ‘solo el pueblo salva al pueblo’ y hace inaplazable una insurrección popular que nos de la negada emancipación.