QUE CESE LA HORRIBLE NOCHE

QUE CESE LA HORRIBLE NOCHE

Rubén Vásquez

“Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come”, Jorge Eliécer Gaitán.

Iván Duque quedará en la memoria de los colombianos y colombianas como el Presidente más impopular y nefasto en muchos años, durante su mandato -tercer Gobierno de Uribe- sostuvo una infinita y cruenta Guerra, hizo trizas el Acuerdo de Paz, incrementó en márgenes históricos la pobreza, la desigualdad, la inflación, el desempleo, el subempleo, entre otros.

De la Seguridad Democrática de Uribe a la “Paz con Legalidad” de Duque, no hay sino un cambio semántico o de nombre, dos planes con una misma y fracasada visión que deja una estela de muertos, miles de desplazados y cientos de líderes sociales asesinados en cada uno de los rincones del país, junto a la negación y desinterés por la Solución Política al Conflicto Interno.

Naturalizaron la barbarie

25 millones de colombianos se encuentran en la Pobreza y 9 millones pasan a la Miseria, tristemente se convirtieron en cifras inadvertidas, pareciera que la sociedad colombiana se acostumbró a esas cifras, como si el cerco mediático hubiera naturalizado la barbarie, la muerte y la desigualdad social.

La maldita vocación de los Gobiernos de Colombia frente a la subordinación a los Estados Unidos cumple por estos días 80 años cuando el embajador gringo en Colombia afirmara: “hemos obtenido todo lo que hemos solicitado a este país… y no existe nación en Suramérica que se haya desempeñado en forma más cooperadora”; la larga noche de saqueo, muerte y horror aún no termina, sin embargo, también hay un pueblo que resiste, se moviliza y lucha por la libertad, la democracia y la paz negada por los poderosos por encargo del imperialismo gringo.

Durante los cuatro años del Gobierno de Duque ocurrió el más grave deterioro de los Derechos Humanos, un reciente informe de la ONU revela el aumento de la violencia en un 621 por ciento en comparación al mismo periodo del año anterior, donde está comprometido el Gobierno y sus Fuerzas Armadas.

Una ONG colombiana asegura que durante el Gobierno de Duque los grupos paramilitares se han fortalecido, por ejemplo, el Clan del Golfo hace presencia en 241 municipios elevando la confrontación, el control territorial y la violencia contra los líderes y lideresas sociales.

Régimen mafioso busca su continuidad

El régimen que encarna Duque ha llegado al punto de la trasgresión del principio de neutralidad que se les ha impuesto a los Presidentes en materia electoral desde la época del Frente Nacional; Duque lo hace en forma solapada y aprovecha cualquier tribuna o acto público para atacar al contradictor político, desdibujando cualquier posibilidad distinta a la del candidato de la ultraderecha mafiosa.

Las maquinarias de la derecha empujadas por los secuaces de Uribe se alinean con el candidato Fico Gutiérrez, el mismo agente que operaba desde la Narcoficina de Envigado para el desarrollo del control territorial y de seguridad ciudadana de Medellín, por medio de la proliferación de bandas criminales.

La continuidad de la ultraderecha en el Gobierno no sacará la violencia de la política, al contrario la profundizará ‘a sangre y fuego’ como lo han venido haciendo en las últimas décadas; el impacto de la conciencia popular que produjo el último Paro Nacional y las sendas movilizaciones en Brasil y Chile, son la expresión de que en el actual momento histórico se presenta un nuevo ciclo del progresismo.

Nuestra patria vive un nuevo hito social, un nuevo momento esperanzador y de construcción del poder desde abajo y con la gente, conscientes de que los cambios vendrán desde la resistencia y la movilización popular; la lucha por la paz, la democracia y la justicia social son un imperativo de las grandes mayorías en Colombia y la Patria Grande para que cese la horrible noche. Junto al mensaje del Gran Jorge Eliécer Gaitán decimos, ‘por la restauración moral de la República, pueblo: ¡a la carga!’

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