NO ES UNA SIMPLE MARCHA

NO ES UNA SIMPLE MARCHA

Damaris Izaguirre.

El pasado 26 de septiembre aupados por el uribismo, la élite y el Tío Sam, en diferentes ciudades del país se gestaron manifestaciones en contra de varias de las disposiciones adoptadas por el nuevo Gobierno, que buscan transformaciones sociales que mitiguen la orfandad estatal y la desigualdad.  

El nuevo Gobierno recibió el país con un enorme hueco fiscal y completamente endeudado, además del gran margen de desempleo y la inflación más alta de las últimas dos décadas; esto lo obligó a tomar medidas que le permitan conseguir nuevos recursos, como la Reforma Tributaria que busca que los que más tienen sean los que más paguen.

Este conjunto de medidas están dirigidas a los más adinerados y de forma colateral genera una mínima afectación en la clase media, lo que es aprovechado por la élite que a través de las empresas de información -que son de su propiedad-, generan campañas de desinformación que causan malestar e indignación en algunos sectores de la sociedad; no podemos olvidar que con este método se perdió el Plebiscito de la paz de 2016 y la nueva Constitución de Chile, con esta receta han controlado el país y han sostenido el statu quo para garantizar sus privilegios de clase.

Con esta fórmula digna del mago Kandú las élites y la derecha en cabeza del Partido Centro Democrático lograron movilizar una cantidad de personas menor a la que deseaban, pero no se puede desconocer que en algunas ciudades como Medellín tuvieron una mayor concurrencia; por ello no se debe calificar esta marcha solo como una movilización de las élites, esta apreciación sería incompleta ya que quienes salieron a marchar no fueron los banqueros Sarmiento Angulo, Gilinsky ni los del Grupo Empresarial de Antioquia (GEA), porque con mentiras lograron movilizar a gente del común a quienes sería inexacto graduar como pertenecientes a la élite ultraderechista.

El reto del nuevo Gobierno es socializar masivamente su interés de realizar los cambios sociales incluyentes que han sido negados durante décadas, y que esto demandará sacrificios y una lucha frontal contra una élite que se niega a deponer sus privilegios, y a construir un país menos desigual y más equitativo; aunque la primer marcha convocada por la derecha no fue masiva, si sienta un precedente de alerta que obliga a instaurar un plan de contingencia, que no es otro que la defensa del Cambio en las calles y al calor de la lucha popular.

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