NO ES EL INVIERNO, ES EL SISTEMA

NO ES EL INVIERNO, ES EL SISTEMA

Damaris Izaguirre

Los fenómenos climáticos son predecibles en términos de ocurrencia e intensidad, lo cual permite mitigar sus impactos; sin embargo, ante la inexistencia de un verdadero sistema de prevención de riesgo estos fenómenos se exacerban y generan catástrofes luctuosas.

La debacle climática que afecta todo el planeta y que impacta con mayor fuerza los países pobres, se enfatiza en nuestro país a causa de la orfandad estatal que sufren muchos de los territorios, al no existir infraestructuras y carreteras con diseños aptos para adversidades climáticas, por esto las comunidades se convierten es sujetos vulnerables.

Este año las lluvias no han dado tregua por lo que los deslizamientos de tierra, las inundaciones y las crecientes súbitas en los ríos y quebradas han dejado más de 200 muertos y miles de damnificados en los últimos 10 meses, según estimaciones de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), 26 de los 32 departamentos han declarado el Estado de Calamidad Pública, siendo los más afectados Bolívar y Atlántico.

A finales de octubre el Gobierno declaró el Estado de Desastre Nacional, para reasignar recursos del presupuesto y asistir a la población afectada por la emergencia; además asignó 2,1 billones de Pesos para atender la emergencia climática que vive el país, destinados a comida, servicios de salud y zonas para reubicar a los damnificados de las inundaciones, ¿es suficiente con brindar ayuda básica a los damnificados?

Tristemente como sociedad hemos ‘naturalizado’ las catástrofes por cuenta del invierno, lo que vivimos hoy en día durante décadas lo han sufrido comunidades apartadas como Chocó, incluso estas vicisitudes se han convertido en el círculo vicioso: invierno, catástrofe, asistencialismo y olvido, acciones reactivas que se limitan a dar ayuda humanitaria y desbloquear vías, sin que ello genere medidas proactivas.

Las ayudas para los damnificados siempre serán bienvenidas, sin embargo, no podemos olvidar que este tipo de catástrofes están determinadas por la exclusión y el empobrecimiento, ya que la gran mayoría de los afectados son poblaciones expuestas a gran riesgo de desastre, como laderas, barrios de invasión, riveras de ríos, entre otros; por ende, lo que se debe atacar son las causas y no las consecuencias, por tanto mitigar los impactos del invierno tiene implícito redistribuir la riqueza y dar condiciones de vida digna a las poblaciones vulnerables.

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