INDÍGENAS DESPLAZADOS, AHORA EXPULSADOS DE BOGOTÁ

INDÍGENAS DESPLAZADOS, AHORA EXPULSADOS DE BOGOTÁ

Claudia Julieta Parra

Bogotá es una jungla de cemento donde vivimos 12 millones de personas, pero en realidad son más los que sobreviven, los que a diario se juegan la vida para conseguir unas pocas monedas para hacer una aguadepanela y embolatar el hambre.

Las calles de la jungla de cemento siempre son un caos, centenares de personas van en todas direcciones y siempre llevan afán, desde luego el Covid-19 convirtió las multitudes en oleadas silenciosas, todos nos guarecimos en nuestras casas para que el bicho no nos matara, pero olvidamos los sin casa, los que viven al día, vendedores ambulantes, cuidadores de carros, voceadores de restaurante de ‘corrientazo’, desplazados, y desde luego los indígenas desplazados por la violencia que en medio del frío y la hostilidad de los capitalinos venden unas pocas artesanías para sobrevivir.

Un millar de estos indígenas refugiados de la violencia y mancillados por la urbe de concreto no tuvieron otro camino que refugiarse en el emblemático Parque Nacional, en improvisados tugurios de plástico medio se guarecen del frío del altiplano, que en las madrugadas puede descender hasta los 2 grados centígrados, penuria a la que se agrega la zozobra por la constante amenaza de ser expulsados de allí ‘a sangre y fuego’.

Como muchos bogotanos decidimos ir al Parque a ver en qué podíamos ayudar, en medio de la neblina matutina divisamos una indígena con 3 niños que tiritaban del frío y trataban de calentarse en un improvisado fogón de leña, en las viejas ollas solo había agua, unas boronas de panela y pan duro casi petrificado, la escena me paralizó -fue lo que sentí-, y de inmediato me quité la chaqueta para abrigar al niño más pequeño, también saqué de mi mochila unos Snickers y unos M&M, la sonrisa de la madre y los pequeños lo dijeron todo.

Antes de salir para el Parque mi hermano y yo vaciamos la despensa de los víveres de mi familia en una caja de cartón, la que entregamos a Sandra la sufrida madre de los pequeños, quien nos contó que era del pueblo Embera Chamí, su comunidad habitaba a orillas del rio San Juan en el sur del Chocó, de donde habían salido corriendo por los combates entre el Ejército del Gobierno y los muchachos de la guerrilla, inicialmente llegaron a Pereira, pero el hambre y la falta de recursos los trajo hasta Bogotá, al comienzo pagaron una pieza en el centro de la ciudad, donde vivían 10 personas, pero al quedarse sin con qué pagar los echaron a la calle, y después de rodar por las calles decidieron instalarse en el Parque Nacional.

De todo lo que ella nos contó, aprecien estas ‘perlas’:

“Nosotros nos encontramos acá porque hay un incumplimiento total hacia las comunidades, en los territorios aguantamos hambre y la Guerra nos desplazó, aquí nos han negado casi todo; al comienzo nos daban unas ayudas pero eso no alcanza para nada, aquí todo es caro y sin gente en las calles es muy difícil conseguir lo del día de pieza y mucho menos conseguir para la comida”.

“Aquí al Parque llegamos hace unas semanas por que no teníamos a donde más ir, aquí han venido a decirnos que nos vayamos para otro Parque más lejos, pero nosotros no necesitamos otro Parque, en estos momentos necesitamos salud, educación, garantías de nuestras formas de vida como vivíamos en los territorios”.

“Desde que llegamos a la ciudad la gente nos ha mirado mal, nos ven como intrusos, otros nos ven como si fuéramos mendigos, pero nosotros no somos nada de eso, nosotros somos gente que tuvo que dejar todo para que las balas no nos maten, porque el Ejército en vez de ayudarnos nos decían que ayudábamos a los muchachos de la guerrilla, el Ejército entraba a la fuerza a nuestros territorios y nos quitaban las gallinas y los marranos, nosotros no quisimos dejar el río y los animales, a nosotros nos obligaron a partir y ahora no somos bien recibidos, nosotros no queremos estar en un Parque donde aguantamos frío, queremos volver a nuestros territorios de donde no debimos salir, pero para volver no necesitamos solo el pasaje, necesitamos seguridad y paz”.

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