FUERON A HAITÍ A MATAR PARA ROBAR, ¿DÓNDE APRENDIERON?

FUERON A HAITÍ A MATAR PARA ROBAR, ¿DÓNDE APRENDIERON?

Mariela, Jorge Guerrero, Tulio Bayer

Duque y sus Ministros gritaron en coro que sus soldados de la reserva habían sido engañados en Haití, mintieron para encubrir a su delincuencia de exportación, cuando los mismos mercenarios confiesan que fueron a “matar sin dejar testigos” para ganarse un botín.

La descomposición que genera la élite incrustada en el poder ha hecho de la violencia y la guerra su mejor arma, van dando sus desastrosos frutos al punto de convertirse en una maquinaria de guerra que alimenta la creciente industria mercenaria global [1].

El asesinato del Presidente de Haití deja un precedente histórico en la lista interminable de crímenes que cometen empresarios, clanes políticos y carteles locales e internacionales, por medio de una fuerza militar mercenaria bien entrenada y con ambición de dinero.

Adiestrados para violar DDHH y el pillaje

Entre diez y quince mil soldados profesionales se retiran cada año de las Fuerzas Militares colombianas y el control sobre esta fuerza es bajo o nulo; es un fuerza disponible a muy bajo costo, el New York Times afirma que las empresas militares privadas que contratan a exsoldados colombianos llegaron a la par del Plan Colombia (1999-2009) diseñado por Estados Unidos (EEUU) [2], lograron contratar a la mayoría de las Fuerzas Especiales del Ejército con sueldos tres veces más grandes que los que les da el Gobierno, los que fueron enviados a las distintas Guerras que libran EEUU y la OTAN en Asia y África, los demás se enrolan en ejércitos de narcos, paramilitares y mercenarios internacionales.

Con impuestos que pagan los colombianos se entrenan estos Ejércitos Privados que venden su fuerza al mejor postor, sin conciencia, sin referentes éticos, verdaderas armas de muerte e inestabilidad; giran en torno a esta creciente industria la multinacionales del petróleo, gas y carbón, el sector agrícola industrial, la minería, el creciente negocio en torno a acaparamiento del agua, las tierras, entre muchas otras.

Esta privatización de la Guerra con epicentro en Colombia, en su fase de expansión de una fuerza letal mercenaria tiene sus antecedentes, vale recordar que en 2014 habían alrededor de 740 empresas de defensa en el país, en 2018 tras la firma del Acuerdo de Paz el mercado de defensa ya estaba valorado en 11.100 millones de dólares, y se estima que en 2024 aumentará a 47.200 millones [3].

Las escuelas de adiestramiento de esta exportación criminal son las prácticas de exterminio contra la población pobre, pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, comunidades urbanas marginales, se les formó para odiar a estos sectores que enfocan como Enemigos Internos, en consecuencia la práctica genocida de los mal llamados Falsos Positivos terminó siendo un escenario más de este entrenamiento.

La Guerra sin fin de EEUU necesita mercenarios por montón

El Plan Colombia y el Instituto de Cooperación para la Seguridad del Hemisferio Occidental (Whinsec) antes Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés), se constituyeron en la cantera que preparó a una fuerza letal para aniquilar a quien diga el que pone el dinero.

Solo basta ver los informes de entidades como School Of Americas Watch (Soaw) y cruzar los datos para entender la conexión constante entre financiación, formación de la fuerza militar y violación a los DDHH y al Derecho Internacional Humanitario, comprender el uso de estrategias jurídicas de ataque y defensa, uso de toda una refinada técnica devenida de la psicología de Guerra, del manejo de masas, el uso de los medios de comunicación, todo un entramado para sumir a pueblos enteros en la devastación de la violencia, la manipulación política, el caos social, la destrucción ambiental, mientras eso sí, los grandes negocios avanzan sin que nada les detenga.

Las condiciones de pobreza, marginalidad y la creación de un contexto y cultura del mercado, una suerte de cultura mafiosa imperante [4], fueron y aún son el mejor condimento para hacer de Colombia una mina de la mentalidad criminal y ser cantera de mercenarios.

Se trata de una Macrocriminalidad que se autoproduce anclada al poder estatal, es esta peste la que ha enfermado a Colombia y la que necesitamos combatir, para recuperar y dimensionar una sociedad que late permanentemente basada en la vida, el cuidado y la construcción colectiva; la resistencia en y desde los pueblos es cada vez más vigente y necesaria.

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[1] Colombia: la maquinaria de la Guerra que produce mercenarios. DW, 26-07-2021.

[2] Emiratos envía en secreto mercenarios colombianos a la lucha en Yemen. New York Times, 26-11-2015.

[3] La industria mercenaria de Colombia está detrás del Golpe de Haití. Jacobinmag, 31-07-2021. [4] La formación de una cultura Traqueta. Rebelión, 18-02-2014.

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