ELIJA “LIBREMENTE” EL QUE YO LE DIGA

ELIJA “LIBREMENTE” EL QUE YO LE DIGA

Damaris Izaguirre

Un verdadero Estado Social de Derecho se caracteriza porque sus instituciones son garantistas de los Derechos Civiles; sin embargo, se ha vuelto una constante que tanto instituciones públicas como privadas constriñan al electorado, y conviertan el voto en una moneda de cambio.

A medida que se acerca la primera vuelta de las elecciones presidenciales se han vuelto más constantes y sonoras las denuncias de la gente, a quienes para continuar en su puesto de trabajo les están exigiendo una cantidad determinada de votos por un candidato específico; también se ha vuelto público que diferentes empresas abiertamente convocan a sus empleados y proveedores a votar por cierto candidato, incluso algunos empresarios han llegado al descaro de amenazar con despedir a los empleados que voten por cierto candidato, o empresas que amenazan con irse del país si gana determinado candidato.

El Artículo 59 del Código Sustantivo del Trabajo es categórico al afirmar que, “la Ley prohíbe al empleador imponer obligaciones de carácter religioso o político”, por lo tanto, despedir o amenazar con cancelar obligaciones contractuales por ejercer el derecho autónomo y constitucional de voto, se constituye como acoso laboral y genera sanciones legales, además estas conductas se pueden tipificar como el delito de constreñimiento al elector.

La manipulación que tratan de ejercer empleadores, empresarios y funcionarios públicos como Duque o Zapateiro sobre los colombianos, no es algo novedoso, por el contrario es una práctica que vienen ejerciendo por décadas, método efectivo que les ha permitido perpetuarse en el poder y como quien le cambia de ropa a un maniquí de una Boutique, cada cuatrienio cambian las caras visibles pero el régimen sigue intacto e inmóvil, los verdaderos determinadores de las políticas de Estado continúan en las sombras, porque ellos están acostumbrados a ganar con cualquier candidato.

Es claro que el régimen como ‘fiera herida con garras y dientes’ sale a defender el statu quo, con la exacerbación de sus prácticas fraudulentas, como también es claro que los organismos de control por esta época ‘miran para otro lado’, ignoran las denuncias que afecten sus intereses de clase o sus intereses comerciales, y para posar de neutrales hacen ruido y vociferan investigando casos de inmediatez mediática, pero en el trasfondo es la estrategia de mago Kandú, mostrar el sombrero vacío mientras aprovechan la exaltación para develar con “sorpresa”, el viejo sombrero que tiene en su interior el mismo conejo de siempre.

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